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Consejos para padres de niños autistas a la hora de adoptar un perro

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La decisión de incorporar un perro a la familia es siempre importante, pero cuando hay un niño con trastorno del espectro autista (TEA) en casa, la elección adquiere una dimensión adicional. No se trata solo de encontrar un compañero peludo, sino de identificar a un animal que pueda convertirse en un apoyo real para el niño y en un miembro más del sistema familiar. Un estudio realizado en Reino Unido con la participación de más de cien familias señaló que, tras la llegada de un perro, la mayoría de los padres observaron una mejora en el estado de ánimo de sus hijos y una reducción de las conductas relacionadas con la ansiedad.

Primero, definir el rol del perro

Antes de siquiera pensar en razas, los expertos recomiendan aclarar qué función se espera que cumpla el animal. No es lo mismo un perro de asistencia, un perro de terapia o un perro de compañía.

Los perros de asistencia para niños con autismo reciben un entrenamiento específico para realizar tareas que ayudan directamente al niño, como interrumpir conductas repetitivas, proporcionar presión profunda para calmar la ansiedad o evitar que el niño se aleje en situaciones de peligro. Suelen ser asignados por organizaciones especializadas y requieren que la familia cumpla ciertos requisitos. Por ejemplo, algunas asociaciones solicitan que el niño esté en un programa educativo y terapéutico, que no haya otro perro en casa, y que los padres se comprometan a un periodo de entrenamiento con el animal.

Los perros de terapia, en cambio, están entrenados para ofrecer apoyo emocional, pero suelen trabajar en entornos como colegios u hospitales, y no viven necesariamente con la familia. Si lo que se busca es un compañero estable que conviva en el hogar y ofrezca beneficios sin ser un perro de asistencia certificado, un perro de compañía bien elegido y con un buen temperamento puede ser la opción más accesible y natural.

El temperamento, por encima de la raza

Aunque hay razas que se mencionan una y otra vez, los especialistas insisten en que el temperamento individual del perro es el factor más importante. "Considera el perfil sensorial de tu hijo con cuidado. Si es sensible al ruido, un perro que ladre mucho puede no ser ideal; mientras que un niño que busca presión profunda puede beneficiarse de un perro más grande al que pueda abrazar", aconseja Mark Blakey, director de Autism Parenting Magazine. La doctora Hannah Godfrey, veterinaria, añade que "no hay una solución única para todos. He conocido a un gato ragdoll que era la pareja perfecta para un cliente autista por su naturaleza relajada y afectuosa". La clave es observar cómo reacciona el niño ante diferentes animales antes de tomar una decisión.

Razas que suelen encajar bien

Hay ciertas razas que, por sus características generales, aparecen con frecuencia en las recomendaciones para familias con niños autistas. Son perros que suelen destacar por su paciencia, su inteligencia y su naturaleza tranquila.

     Golden Retriever y Labrador Retriever: Son, probablemente, las razas más populares. Se les describe como perros "de carácter tranquilo, inteligentes y con un fuerte instinto de vinculación". Su facilidad para el entrenamiento y su naturaleza paciente los convierten en una opción muy segura tanto para perros de asistencia como para compañeros de vida.

     Newfoundland: Conocidos como "perros niñera" por su dulzura y su instinto protector, son animales grandes, tranquilos y afectuosos, especialmente buenos con los niños. Suelen ser una buena opción para niños que necesitan apoyo sensorial a través del contacto físico.

     Caniche (Poodle): Su inteligencia y facilidad para el entrenamiento los convierten en una opción interesante. Además, vienen en diferentes tamaños, lo que permite adaptarse mejor al espacio y a las necesidades de la familia. Su pelaje, que apenas suelta pelo, también puede ser una ventaja si hay alergias en casa.

     Labradoodle: Este cruce entre Labrador y Caniche hereda la inteligencia y el carácter afable de sus progenitores, con la ventaja añadida de un pelaje que suelta poco pelo, lo que los hace más hipoalergénicos.

     San Bernardo, Gran Pirineo o Boyero de Berna: Son razas grandes, conocidas por su temperamento calmado y su naturaleza paciente. Pueden ser una excelente opción para niños que buscan un apoyo físico más sólido, aunque su tamaño requiere espacio y una buena gestión por parte de los padres.

Un proceso que va más allá de la raza

Elegir la raza es solo el primer paso. El doctor Nicolas Dollion y su equipo, en un estudio publicado en PLOS ONE, destacaron la importancia de considerar el impacto del perro en todo el sistema familiar. Sus hallazgos sugieren que los beneficios del perro (como la reducción de la ansiedad y el estrés en los padres) están relacionados no solo con la mejora de los síntomas del niño, sino también con la calidad de la relación que se establece entre el niño y el perro. Es decir, la dinámica que se crea entre los tres es fundamental.

Por otro lado, investigaciones como la de Kerri E. Rodriguez, publicada en Frontiers in Psychiatry, señalan que, si bien los perros de servicio pueden mejorar aspectos como el sueño, los efectos en otras áreas como la hiperactividad o el estrés del cuidador pueden ser menos evidentes. Esto refuerza la idea de que la decisión debe basarse en expectativas realistas y en una comprensión profunda de las necesidades específicas de cada niño.

En definitiva, la decisión de adoptar un perro para un niño con autismo debe tomarse con la cabeza y con el corazón. Lo más importante es investigar, consultar con profesionales, y, sobre todo, implicar al niño en el proceso, observando su interacción con el animal para asegurar una conexión que aporte beneficios a toda la familia.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Bicanski

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