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Cómo explicar a los abuelos que tu hijo no quiere darles un beso

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"Venga, dale un beso al abuelo antes de irnos". Nada más oír esto, tu hijo se esconde detrás de ti, gira la cara o dice un simple "no". En ese momento empiezan las miradas incómodas. Algún familiar insiste, otro comenta que antes esto no pasaba y tú te preguntas cómo salir del apuro sin herir a nadie. Pero una cosa tienes clara: no vas a obligar a tu hijo a dar un beso si no quiere hacerlo, leemos en Ser Padres.

La realidad es que muchos padres están cambiando la forma de afrontar estas situaciones. Cada vez son más quienes prefieren que los gestos de cariño nazcan de manera espontánea y no de una obligación. Esto no debe ser la excusa para ser maleducado, sino para buscar formas alternativas de saludo o despedida que sí hagan sentir cómodo al pequeño. El problema llega cuando toca explicárselo a unos abuelos que, con toda la buena intención del mundo, entienden el beso como una muestra básica de educación.

Si alguna vez te has visto en esa tesitura, hay frases que pueden ayudarte a explicarles a los abuelos u otros familiares que habéis decidido no obligar a vuestros hijos a dar besos, sin causar un conflicto en la familia. Una de ellas es "no es que no te quiera, es que ahora mismo no le apetece". Un niño puede sentir adoración por sus abuelos y, aun así, no tener ganas de dar un beso en ese instante. Igual que los adultos no siempre queremos abrazar o besar al despedirnos, ellos también pueden tener días en los que prefieren expresar el cariño de otra manera. Como padres, debemos enseñarles que no es aceptable entrar o salir de un sitio sin saludar o despedirse, puesto que es una cuestión de educación. Pero sí que lo podemos hacer de distintas formas: con la mano, con una sonrisa y un "buenos días" o "hasta luego".

Otra opción es decir "estamos intentando que aprenda que puede decidir sobre su cuerpo". No hace falta convertirlo en un gran discurso. Explicarlo con naturalidad suele ser suficiente. Muchos padres quieren que sus hijos entiendan desde pequeños que tienen derecho a decidir cuándo desean un contacto físico y cuándo no. Es una enseñanza sencilla que también les ayuda a respetar los límites de los demás. Hablar de consentimiento es esencial tanto para la infancia como para la vida adulta.

También se puede ofrecer una alternativa: "puede despedirse saludando con la mano o chocando los cinco". No todo tiene que pasar por un beso. Un "adiós", una sonrisa, un abrazo cuando le apetezca o un choque de manos pueden transmitir exactamente el mismo cariño. Ofrecer alternativas evita que la situación se convierta en un pulso entre adultos y niños.

Si el argumento anterior no funciona, siempre se puede recurrir a "si tiene que hacerlo obligado, deja de tener sentido". Un beso es valioso precisamente porque sale de forma natural y representa una muestra de cariño hacia una persona que apreciamos. Cuando un niño lo da porque siente presión o porque teme decepcionar a los mayores, el gesto pierde espontaneidad y se convierte en una obligación más.

Los niños son impredecibles. Hoy rechazan un abrazo y dentro de diez minutos están sentados en el regazo del abuelo contando un cuento. No conviene sacar conclusiones precipitadas por una negativa puntual. Por eso, "no le demos importancia, seguramente la próxima vez le saldrá solo" puede ser una frase útil para rebajar la tensión.

Otra forma de abordarlo es recordar que "queremos que aprenda que cuando dice 'no', los adultos también le escuchan. Es una cuestión de respeto". Es una forma de transmitir un mensaje tan simple como que sus límites importan. Si un niño comprueba que su decisión se respeta en situaciones cotidianas, crecerá entendiendo que el consentimiento y el respeto funcionan en ambos sentidos.

Y, por último, podemos mostrar nuestro agradecimiento a los abuelos por su intento de comprender nuestra decisión: "gracias por entenderlo y respetarlo". O, si al menos no lo comprenden, lo respetan. Y eso es maravilloso para el vínculo entre abuelos y nietos. Este no se construye a partir de besos, sino preparando galletas juntos, jugando una partida de cartas, yendo al parque o leyendo un cuento antes de dormir. Esos momentos son los que permanecen en la memoria mucho después de que se olviden los saludos y las despedidas.

Si los abuelos se lo toman mal, es comprensible. Muchas personas crecieron pensando que dar dos besos al llegar o al marcharse era una norma de cortesía incuestionable. Por eso, cuando un nieto se niega, pueden sentir que les está rechazando. En esos casos suele funcionar mejor explicar la situación con tranquilidad que entrar en una discusión. Una frase sencilla como "sabemos que te quiere muchísimo, pero preferimos que el cariño salga cuando a él le nazca" puede rebajar bastante la tensión. También conviene evitar poner al niño en el centro del conflicto. Insistir delante de él, avergonzarle o decirle que está haciendo sentir mal a sus abuelos solo añade presión innecesaria. Con el tiempo, muchas familias descubren que, cuando desaparece la obligación, los gestos de cariño aparecen solos. Y esos abrazos inesperados o esos besos que nacen sin que nadie los pida suelen ser los que más emocionan a los abuelos.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Bonnie Henderson

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