Noticias

Cómo ayudar a los niños a enfrentar lo nuevo

publisher

mcora

A medida que los niños crecen, se enfrentan a nuevos desafíos. Comenzar la escuela. Conocer nuevos amigos. Aprender a nadar. Competir en deportes. Aprender a conducir. Cada nueva situación puede sentirse como un gran paso. Cuando los niños y los adolescentes enfrentan algo nuevo, suelen sentir una combinación de emociones. Enfrentar lo desconocido puede resultar estresante, incluso cuando se trata de algo positivo. Es normal sentirse entusiasmado por el futuro y, al mismo tiempo, preocuparse por si se estará preparado para manejarlo.

La preocupación no es algo malo en sí mismo. Puede resultar útil siempre y cuando no sea demasiado duradera, demasiado intensa o demasiado frecuente. De hecho, los especialistas explican que la preocupación es una señal de advertencia, una respuesta natural ante un gran acontecimiento, un cambio o un desafío. Es una manera de anticiparse con el pensamiento y las emociones: "¿Estoy preparado para esto? ¿Qué ocurrirá? ¿Es seguro continuar? ¿Qué necesito hacer para estar preparado? ¿Cómo lo haré? ¿Qué puedo hacer si estoy nervioso?".

Analizar la parte que más preocupa, con calma y con el apoyo de los padres, puede ayudar a los niños a prepararse para lo que les espera. Cuando los niños se sienten preparados, pueden concentrarse en aquello que están esperando.

A veces, los niños evitan las cosas que les resultan nuevas o que suponen un desafío. Pero hacer cosas nuevas, siempre que sean seguras y adecuadas para su edad, ayuda a los niños a crecer. Con cada nuevo desafío, adquieren habilidades y confianza. Los padres pueden ayudar a sus hijos pequeños y adolescentes a enfrentar lo nuevo sin permitir que la preocupación los acobarde.

La primera recomendación es pasar tiempo con ellos a diario, aunque solo sea durante unos pocos minutos. Hacer juntos cosas que ambos disfruten, como salir a caminar, cocinar, comer, jugar o simplemente estar juntos. Encontrar formas de sonreír y reír juntos permite mantener el vínculo fuerte y positivo, y genera momentos para que los niños se abran de forma natural.

También es importante preguntarles en qué están pensando. Ayudar a los niños a poner nombre a lo que sienten y piensan es una herramienta valiosa. Tal vez no siempre tengan mucho que decir, y quizás no siempre quieran hablar sobre lo que piensan. Pero los padres deben hacerles saber que están dispuestos a escucharlos y hablar en cualquier momento.

Cuando los niños y adolescentes deseen hablar, escuchar con paciencia resulta fundamental. Hay que darles tiempo para que puedan expresar sus pensamientos y sentimientos, hacerles preguntas para escuchar más, no apurarse a darles consejos, dejar que confíen y escuchar con calma lo que tienen para decir.

Validar sus emociones es otro paso clave. Los padres deben hacerles saber a sus hijos que comprenden, decirles que está bien sentir lo que sienten y explicarles que sus sentimientos son normales. Intentar no decir frases como "no tienes de qué preocuparte" es importante, porque eso puede hacerles pensar que no deberían sentirse como se sienten. Por el contrario, escuchar con calma y aceptar cómo se sienten hace que a los hijos les sea más fácil compartir.

Ayudar a los niños a pensar cómo manejar las cosas, en lugar de entrar en escena para resolverles los problemas, les permite sentirse capaces. Los padres pueden invitar a los niños y adolescentes a pensar qué pueden hacer, apoyar sus buenas ideas, hablar para resolver las cosas juntos, recordarles los momentos en los que intentaron algo nuevo y les fue bien, y ofrecerles ayuda si es necesario.

Cuando sea posible, ayudar a los niños a dividir las cosas nuevas en pequeños pasos y permitirles practicar paso a paso a medida que avanzan hacia el objetivo resulta muy eficaz. Celebrar cada éxito refuerza su confianza. Felicitar a los hijos por su esfuerzo y su avance, decirles qué hicieron o dijeron que hizo sentir orgulloso a sus padres, y ayudarles a relajarse para que el estrés y las preocupaciones no se acumulen son también estrategias recomendadas.

Los padres pueden ayudar a sus hijos a esperar cosas positivas. Pedirles que compartan qué cosas van bien y qué están ansiando, preguntarles sobre las cosas buenas que les ocurrieron en el día, contarles las cosas buenas que les ocurrieron a los padres durante el día, y hacerles saber que está bien hablar sobre las preocupaciones pero que es más útil poner el foco en los buenos momentos son formas de orientar su atención.

A veces, los niños y adolescentes se sienten abrumados por las preocupaciones. En esos momentos, intentar hablar para aliviarlos probablemente no sirva de nada. Tal vez sea mejor ofrecerles consuelo y comprensión, recordarles que los padres están allí para ayudarlos con lo que esté ocurriendo, y enseñarles a respirar con calma para relajar su mente y su cuerpo.

¿Qué hacer si la preocupación se vuelve excesiva? A veces, las preocupaciones empeoran con el paso del tiempo. Cuando los niños se preocupan demasiado, les resulta difícil disfrutar de la escuela, las actividades o los amigos. Las preocupaciones pueden comenzar a afectar el sueño y la alimentación, causar sentimientos de ansiedad y miedo, y llevar a los niños a evitar cosas que podrían disfrutar. Este tipo de preocupaciones pueden ser un signo de un trastorno de ansiedad.

Si un hijo tiene preocupaciones, estrés o ansiedad que parecen demasiado difíciles de manejar, los especialistas recomiendan hablar con el médico del niño o con un médico especializado en salud mental. La ansiedad en la infancia puede mejorar con el tratamiento y el apoyo adecuados.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Barbara Olsen

Comentarios

Leave a Reply

NOTICIAS DESTACADAS