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Receta Infantil: Tortitas mágicas de manzana y canela

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Unas tortitas tan suaves y jugosas que parecen nubes recién cortadas del cielo. Al morderlas, la sorpresa: la manzana está dentro, como un tesoro escondido, y el rebozado de canela y azúcar cruje como si fuera una pócima mágica. El secreto está en rallar la fruta directamente en la masa para que todo el sabor se quede atrapado.

INGREDIENTES

(Para 2 personas, o para un niño muy hambriento)

     1 manzana (la que tengas en casa, da igual si es roja o verde)

     1 huevo

     30 gramos de azúcar (como dos cucharadas soperas bien llenas)

     1 yogur natural (del que te comes después del cole)

     150 gramos de harina de trigo (como tres puñados grandes)

     1/2 limón (solo la piel, que es la parte amarilla)

     1/2 cucharadita de levadura química (el polvo que hace que suban)

     1 cucharadita de mantequilla (para que no se peguen)

     Canela molida (la que echa mamá en las galletas)

     Menta fresca (solo para decorar, no hace falta comerla)

PREPARACIÓN

     El hechizo del bol:

Coge un bol grande, de esos en los que cabe todo. Rompe el huevo dentro, como si fuera una gotera de nube. Bátelo con un tenedor (o con varillas si tus brazos se cansan rápido). Añade el azúcar y sigue batiendo hasta que parezca una espuma amarilla. Luego, echa el yogur y remueve. Esto es lo que las hará blanditas, como las de la abuela.

     El truco de la manzana escondida:

Pela la manzana. Pero atención, aquí viene el secreto: rállala con un rallador fino directamente sobre el bol. No la cortes en trozos, rállala. Así la manzana se esconde dentro de la masa y no se ve, pero cuando la muerdes... ¡sorpresa! Ralla también la piel del medio limón, solo la parte amarilla, sin llegar a lo blanco que amarga. Esto le dará un sabor a frescor, como si fuera un día de campo.

     La pócima que sube:

Mezcla la harina con la levadura en un plato aparte (como si fueran dos amigos que se presentan). Luego, échalos poco a poco en el bol, como si fuera una lluvia fina. Remueve con suavidad, sin dar golpes, hasta que no queden grumos. Si ves bultitos, deshazlos con la cuchara. La masa tiene que quedar suave y espesa, como la plastilina blanda.

     El momento "sartén mágica":

Pide ayuda a un mayor para este paso (o hazlo con ellos mirando). Busca una sartén que no peque, de esas que prometen que nada se pega. Pon la mantequilla dentro y enciende el fuego medio. Cuando la mantequilla se derrita y haga un poquito de espuma, echa cucharadas de masa como si fueran montañas pequeñas. No las hagas muy grandes, que luego no caben en la boca. Cocínalas solo 30 segundos por cada lado. Verás que salen burbujitas arriba: esa es la señal para darles la vuelta.

     El rebozado crujiente (la parte más divertida):

Mientras las tortitas están calientes, casi quemándote los dedos (con cuidado), rebózalas en un plato con azúcar y canela mezclados. Pásalas por los dos lados, como si les pusieras un abrigo dulce. El calor hará que el azúcar se pegue y cree una capa que cruje cuando muerdes.

     A comer con los ojos:

Sirve las tortitas en un plato, una encima de otra, como una torre chueca. Pon una hojita de menta fresca arriba (es solo para que parezca un árbol, no hace falta comértela si no quieres). Y ya está: tienes unas tortitas que parecen nubes, saben a manzana y crujen como si tuvieran magia dentro.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © BIC

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