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Siete claves para proteger a los niños del calor este verano

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Las temperaturas en el Reino Unido están superando los treinta grados, y el calor no da tregua ni siquiera por la noche. Si los adultos lo pasan mal, los bebés y los niños pequeños lo tienen aún peor: sus cuerpos se calientan más rápido y sudan menos, lo que les dificulta regular su temperatura. La época estival exige extremar las precauciones, y los expertos ofrecen una serie de recomendaciones prácticas para que los más pequeños estén seguros.

Uno de los consejos más útiles es aumentar la ingesta de agua a través de los alimentos. Lograr que los niños beban agua puede ser una batalla perdida, por lo que incorporar frutas con alto contenido de agua, como la sandía o las naranjas, o alimentos como ensaladas, helados o sopas, ayuda a mantenerlos hidratados. A partir del año, también se pueden ofrecer polos hechos con agua o con zumo muy diluido. Los bebés que toman leche materna no necesitan agua extra, aunque pueden querer mamar con más frecuencia.

El uso de protección solar también requiere atención. Los expertos advierten que las cremas de una sola aplicación no suelen cumplir lo que prometen, y que incluso las etiquetadas como resistentes al agua deben reaplicarse después de cada baño. Se recomienda usar factor de protección 30 o superior, con cuatro estrellas, y aplicarlo media hora antes de salir, repitiendo cada dos horas. Es especialmente importante proteger las orejas, el cuello, los hombros y la parte superior de los pies. En bebés de menos de seis meses, la piel es demasiado sensible, por lo que deben permanecer completamente a la sombra.

Evitar la exposición directa al sol entre las once de la mañana y las tres de la tarde es la medida más eficaz. Si se sale a la calle, hay que usar sombrillas o parasoles, pero nunca cubrir el carrito del bebé con un paño o una manta, aunque esté a la sombra, porque impide la circulación del aire y puede provocar un golpe de calor. Mejor esperar a que atardezca para ir al parque o a la playa.

La ropa también juega un papel importante. Cuanta más piel cubierta, mejor, pero siempre con prendas holgadas. Los colores oscuros protegen más que los claros, y tejidos como el denim o los poliésteres brillantes son barreras eficaces. El bañador con protección UV, etiquetado como UPF 50, es recomendable para los niños que van a estar cerca del agua. Los sombreros de ala ancha son preferibles a las gorras, y el modelo legionario, que protege la nuca, es el más adecuado. Las gafas de sol envolventes completan la protección contra los rayos UV.

En casa, mantener las habitaciones frescas durante el día cerrando cortinas o persianas y usando un ventilador para mover el aire, sin dirigirlo directamente al cuerpo del niño, es clave para que puedan descansar. Un baño fresco antes de acostarse ayuda a bajar la temperatura, y en la cama conviene reducir la ropa de cama al mínimo y dejar puertas y ventanas ligeramente abiertas para favorecer la corriente de aire.

Por último, es fundamental conocer los signos de alerta. El agotamiento por calor puede manifestarse con mareos, sudoración excesiva, piel pegajosa, náuseas y calambres musculares. El golpe de calor, más grave, presenta confusión, piel caliente pero sin sudor, temperatura superior a 40 grados y, en casos extremos, pérdida de conciencia o convulsiones. Si un niño presenta estos síntomas, hay que llevarlo a un lugar fresco, darle agua y refrescar su piel con paños húmedos. Si no mejora en media hora, se debe llamar a urgencias.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © tookapic - pixabay.com

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