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La resiliencia de los niños se entrena en los fracasos

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La decepción y el rechazo son dos sentimientos difíciles de manejar, y a menudo los padres se ven tentados a proteger a sus hijos de cualquier experiencia que los genere. Sin embargo, especialistas en psicología infantil sostienen que no se trata de evitar el malestar, sino de enseñar a tolerarlo. La resiliencia, o "grit" (coraje o tenacidad) como se conoce en la psicología popular, es un rasgo de carácter valioso que se puede fomentar en los hijos sin necesidad de caer en discursos grandilocuentes ni en recetas mágicas.

El primer consejo que ofrecen los expertos es consolar y validar las experiencias de los niños. Cuando nuestros hijos se sienten validados y comprendidos, eso los ayuda a desarrollar un sentido de sí mismos. También normaliza sus sentimientos y desarrolla lo que una de las autoras citadas llama "músculo psíquico". La comparación que se emplea es la del ejercicio físico: mientras más peso podemos levantar, más nos fortalecemos y el ejercicio se vuelve más fácil. Así también con los sentimientos incómodos: cuanto mejor sea nuestra capacidad de sentirlos y tolerarlos, más fuertes nos haremos y será más fácil manejarlos la próxima vez.

Pone un ejemplo claro: si un hijo está decepcionado porque no logró ingresar a la universidad de sus sueños, un padre podría decir: "Eso es muy decepcionante, sé que realmente esperabas entrar". Muchos padres, sin embargo, tratan de minimizar esos sentimientos con buena intención, pero se pierden el panorama general. El hijo está decepcionado y puede necesitar algo de consuelo antes de poder considerar otras alternativas.

El segundo punto es hacer que fracasar sea seguro. A menudo los adolescentes, y también los adultos, tienen miedo al fracaso. El fracaso es una excelente experiencia de aprendizaje, aunque incómoda, porque puede ayudar a reconsiderar los objetivos y a idear un nuevo plan para volver a intentarlo. De ahí el tercer consejo: si no tiene éxito, que lo intente otra vez. Esta no es una frase nueva, pero a menudo, después del fracaso, aparece la falta de motivación. Si se logra que el fracaso sea parte del proceso, entonces siempre habrá una segunda oportunidad, o tercera o cuarta.

El cuarto consejo invita a asociar el valor de los hijos con su carácter, no con sus logros. Es fácil para los padres querer que sus hijos vayan a las mejores escuelas, obtengan calificaciones sobresalientes y se conviertan en superestrellas. Sin embargo, esta presión de tener éxito puede enviar el mensaje de que la autoestima está directamente relacionada con los logros. Recientemente, un grupo de estudiantes de sexto grado compartió con una de las expertas sus preocupaciones acerca de si lograrían o no ingresar a las universidades de la Ivy League, las ocho universidades más cotizadas en Estados Unidos. Cuando un hijo logra una meta, como obtener calificaciones excepcionales, se recomienda concentrarse en su ética de trabajo y determinación, no en el resultado final. Un padre podría decir entonces: "¡Eso es genial! Te esforzaste mucho este semestre".

El quinto y último consejo es tomar el asiento trasero. Todos los padres quieren proteger a sus hijos de las dificultades y las aflicciones, pero si los protegen durante demasiado tiempo, obstaculizan su capacidad de desarrollar un sentido de autoeficacia. Cuando se intenta resolver sus problemas o intervenir por ellos, se les envía el mensaje de que no se cree que puedan hacer las cosas por su cuenta, y ellos comienzan a creer eso. La propuesta es intentar resolver problemas juntos y permitir que el hijo tome la iniciativa. Eso le dará confianza para manejar situaciones en el futuro, y los padres tendrán la tranquilidad de que él puede manejarlas.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Easy-Peasy.AI

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