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La ciclosporiasis, un parásito estival que convierte la diarrea en un problema para los niños

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Cuando un niño empieza con diarrea acuosa que no se va, especialmente en verano o después de un viaje, los padres suelen pensar en un virus estomacal común. Pero hay ocasiones en las que la causa es menos conocida y más persistente: un parásito llamado Cyclospora cayetanensis.

La infección que provoca, la ciclosporiasis, se ha convertido en un motivo de consulta cada vez más frecuente en las temporadas cálidas, y las autoridades sanitarias están investigando varios brotes en Estados Unidos, dice la Academia Americana de Pediatría.

A mediados de julio, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) habían recibido informes de más de mil seiscientos casos confirmados en treinta y cuatro estados. Uno de los brotes más significativos, que afecta a Michigan, Ohio, Indiana, Kentucky y Virginia Occidental, se ha vinculado a lechuga iceberg contaminada servida en establecimientos de Taco Bell. Esta no es una situación aislada: los brotes de ciclosporiasis suelen estar asociados a productos frescos importados, como hierbas, bayas, lechugas y otras verduras.

La infección se produce cuando una persona ingiere agua o alimentos contaminados con heces que contienen el parásito. Pero hay un detalle clave que la diferencia de otras enfermedades gastrointestinales: los huevos del Cyclospora necesitan madurar en el medio ambiente durante días o semanas antes de poder infectar a alguien. Por eso, no se transmite directamente de persona a persona. Cuando alguien ingiere los huevos ya maduros, estos llegan al intestino delgado, donde los parásitos emergen, infectan las células y causan la enfermedad. Algunos de esos parásitos forman nuevos huevos que se liberan en las heces, cerrando el ciclo.

Los síntomas más común es la diarrea acuosa, que puede ser grave y aparecer y desaparecer con el tiempo. Acompañan a este cuadro la pérdida de apetito, náuseas, calambres estomacales, hinchazón, exceso de gases, fatiga, pérdida de peso y, en algunos casos, fiebre baja, vómitos, dolor de cabeza y dolores musculares. Lo que hace sospechar a los médicos es la persistencia: sin tratamiento, los síntomas pueden durar semanas o incluso meses, y a veces mejoran para reaparecer días después. Esa evolución tan prolongada y recidivante es una de las pistas más claras de que no se trata de una gastroenteritis común.

El diagnóstico requiere el análisis de una muestra de heces, aunque el Cyclospora puede ser difícil de detectar, por lo que a veces son necesarias varias muestras o pruebas moleculares más sofisticadas. El tratamiento recomendado es un antibiótico llamado trimetoprim-sulfametoxazol (TMP-SMX), que suele administrarse durante siete o diez días. Los niños que no pueden tomar medicamentos del grupo de las sulfamidas deben consultar alternativas con su médico, aunque las opciones son más limitadas. Mientras tanto, es fundamental mantener una buena hidratación para prevenir la deshidratación provocada por la diarrea.

La prevención, en este caso, es especialmente relevante porque no existe una vacuna. Las familias deben asegurarse de consumir agua potable, especialmente cuando viajan, y evitar cualquier alimento o agua que pueda estar contaminada con heces. El lavado de manos con agua y jabón antes de preparar o comer alimentos es una medida básica pero eficaz. En cuanto a los productos frescos, los CDC recomiendan enjuagarlos bien bajo el agua corriente antes de consumirlos, incluso si el envase indica que ya están lavados. Las frutas y verduras de piel firme, como melones y pepinos, deben cepillarse con un cepillo limpio, y cualquier zona dañada o magullada debe cortarse. Los alimentos cortados, pelados o cocinados deben refrigerarse lo antes posible, en un plazo de dos horas.

Aunque el lavado cuidadoso no elimina por completo el riesgo, sí ayuda a reducirlo. Y ante la duda, los pediatras insisten en una recomendación clara: si la diarrea no mejora, o si aparecen signos de deshidratación, pérdida de peso inexplicada, sangre en las heces, vómitos persistentes o fiebre acompañada de diarrea, hay que consultar al médico. En los niños con sistemas inmunitarios debilitados, como aquellos con cáncer, trasplantados o que toman medicamentos inmunosupresores, la infección puede ser más grave y requerir una supervisión médica más estrecha.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Pediatric Wizards

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