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El vínculo temprano entre madre e hijo, clave para reducir riesgos

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La manera en que una madre responde a las señales de su hijo durante los primeros años de vida no es un detalle menor. Una investigación internacional liderada por la Universidad de Oulu, en Finlandia, y publicada en la revista "Developmental Medicine & Child Neurology" ha confirmado que la sensibilidad materna juega un papel decisivo en el desarrollo infantil y puede ayudar a reducir los problemas emocionales y de comportamiento que suelen aparecer en la adolescencia y la edad adulta, especialmente en aquellos niños que nacieron antes de tiempo.

El estudio, que ha analizado datos de 2.469 parejas de madre e hijo procedentes de siete cohortes de nacimiento en cinco países (Alemania, Países Bajos, Australia, Nueva Zelanda e Israel), ha llegado a una conclusión que, aunque pueda parecer intuitiva, cuenta ahora con un respaldo empírico de gran alcance: la interacción sensible entre madre e hijo beneficia tanto a los niños prematuros como a los nacidos a término, y lo hace de manera consistente en todos los países participantes.

Los niños que nacen antes de las 37 semanas de gestación presentan un mayor riesgo de desarrollar problemas emocionales y de comportamiento que aquellos que nacen a término. Cuanto más prematuro es el nacimiento, mayor es el riesgo. Estas dificultades pueden manifestarse en forma de problemas de atención, dificultades en la interacción social o una regulación emocional deficiente. Y lo que resulta más preocupante: tienden a persistir en la adolescencia y la edad adulta.

Sin embargo, la investigación sugiere que ese riesgo no es inmutable. La sensibilidad materna, entendida como la capacidad de la madre para responder a las señales del niño de manera cálida y adecuada, actúa como un factor protector que puede modificar la trayectoria del desarrollo, incluso cuando el punto de partida es vulnerable. El estudio ha observado que una alta sensibilidad materna se asocia con menos problemas emocionales y de comportamiento años después, independientemente de si el niño nació prematuro o no.

Elina Jokiranta-Olkoniemi, profesora de la Universidad de Oulu y autora del estudio, ha señalado que esta investigación proporciona "una nueva evidencia importante que demuestra que la interacción temprana es significativa para reducir los riesgos asociados al nacimiento prematuro". Jokiranta-Olkoniemi ha explicado que "la sensibilidad materna actúa como un factor modificable a través del cual se transmiten los efectos de la prematuridad en el desarrollo posterior".

El hallazgo, según la investigadora, subraya la importancia de los esfuerzos preventivos para apoyar el desarrollo psicológico del niño. En este sentido, ha destacado que Finlandia, además de contar con una atención neonatal de primer nivel, dispone de un sistema de clínicas de salud infantil que llega a prácticamente todas las familias con niños.

Ese sistema, ha sugerido, podría utilizarse para proporcionar apoyo sistemático a la interacción sensible entre padres e hijos.

El estudio ha analizado también un subgrupo de 1.062 parejas de madre e hijo a las que se siguió hasta la adolescencia, y en ese grupo se observó el mismo patrón de resultados. La consistencia de los hallazgos a lo largo del tiempo y en distintos países refuerza la solidez de la conclusión: la interacción temprana entre padres e hijos es un factor central en el desarrollo infantil.

Julia Jäkel, profesora del Hospital Universitario de Essen, en Alemania, y anteriormente vinculada a la Universidad de Oulu, ha señalado que el estudio "fortalece nuestra comprensión de que los factores ambientales en los primeros años de vida pueden desempeñar un papel decisivo en la trayectoria de desarrollo del niño, incluso cuando el punto de partida es vulnerable". Jäkel ha añadido que "las intervenciones que mejoran la sensibilidad materna deberían estudiarse más a fondo e implementarse, ya que pueden ayudar a reducir las dificultades emocionales y de comportamiento a medida que los niños prematuros crecen".

A partir de estos hallazgos, los investigadores han sugerido que los enfoques que fortalecen la interacción sensible entre padres e hijos podrían aplicarse en programas de apoyo a la crianza, en la atención sanitaria neonatal y pediátrica, en los servicios de intervención temprana y en el trabajo de las escuelas y los servicios de salud mental. La evidencia, en definitiva, apunta en una dirección clara: la manera en que un padre o una madre se relaciona con su hijo en los primeros años no es un detalle menor, sino un factor que puede marcar la diferencia en el desarrollo emocional y psicológico del niño a lo largo de toda su vida.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Freerange Stock

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