¿Tienen los castigos valor pedagógico?
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Cualquier padre o maestro se ha preguntado alguna vez si los castigos tienen verdadero valor pedagógico. Para responder a esa pregunta, los especialistas proponen un ejercicio sencillo: remontarse a los propios recuerdos de la infancia. Si una persona piensa en los grandes castigos que recibió cuando era niño o adolescente, lo más probable es que ocurran dos cosas. La primera, que ya no recuerde el motivo exacto del castigo. La segunda, que el recuerdo que haya quedado grabado no tenga nada que ver con la norma o con la ética, sino con los sentimientos que experimentó entonces: humillación, vergüenza, la impresión de no merecer ser querido, rechazo, miedo o incluso terror, ganas de rebelarse, sensación de injusticia, impotencia.
La conclusión que extraen los expertos es clara: los castigos no tienen ningún valor pedagógico.
El neuropsicólogo Álvaro Bilbao aborda esta cuestión en su libro "El cerebro del niño explicado a los padres". Su tesis es que los niños sí aprenden cosas cuando son castigados, pero no aquellas que los adultos pretenden enseñarles. Bilbao enumera ocho lecciones que los pequeños interiorizan a través del castigo.
En primer lugar, aprenden que cuando uno se siente frustrado puede desquitarse con los demás, especialmente con los más débiles, porque estos no podrán responder.
En segundo lugar, asimilan que es necesario sufrir y que se atente contra la propia dignidad para aprender a comportarse bien.
En tercer lugar, descubren que pedir disculpas, incluso cuando no se sienten sinceramente arrepentidos, es suficiente para reparar el daño causado. Las apariencias, aunque engañosas, pasan a ser más importantes que la reflexión.
Cuarto: ser castigado les libera de toda responsabilidad ulterior, puesto que ya han pagado por sus fechorías. Por lo tanto, no necesitan esforzarse por desarrollar una ética en las relaciones interpersonales.
Quinto: no ser descubierto se vuelve más importante que comportarse con respeto hacia los demás.
Sexto: cuando un niño se siente triste por haber hecho algo que no debía, sus padres le perdonan y vuelven a quererle. Simular tristeza se convierte entonces en una buena estrategia.
Séptimo: solo la vergüenza y la culpa son emociones útiles para aprender.
La octava lección es quizás la más profunda y preocupante. Cuando los adultos castigan a un niño que ha desobedecido, el cerebro de ese niño utiliza esa información para construir su "concepto de sí mismo". Bilbao escribe: "Un niño que se sabe desobediente, caprichoso, egoísta o perezoso no tendrá otro remedio en la vida que comportarse de acuerdo con lo que sabe de sí mismo. En este sentido, pocas cosas pueden hacer tanto daño a este 'concepto de sí mismo' como los mensajes negativos que guarda grabados en su memoria".
El neuropsicólogo introduce también el concepto de "castigo-trampa". Se produce cuando un castigo, lejos de desmotivar la mala conducta, acaba fomentando comportamientos inapropiados. Esto sucede en dos situaciones: cuando el niño no recibe suficiente atención (en cantidad y calidad) por parte de los adultos que le rodean, o cuando el castigo le aporta un beneficio mayor que el sufrimiento que le causa. Ese beneficio puede ser, por ejemplo, obtener una imagen positiva en clase, como la del payaso que hace reír a sus compañeros o la del rebelde que despierta admiración.
Cuando los padres pasan poco tiempo con sus hijos o no saben valorar sus conductas positivas, el pequeño puede activar el mecanismo del castigo para mantener el contacto con ellos. Para un niño que se siente solo o poco querido, ser regañado es siempre mejor que sentirse invisible, porque al menos implica un contacto con sus padres. Esta es, según Bilbao, una de las razones por las que los castigos carecen de valor pedagógico.
El propio neuropsicólogo resume esta idea con una afirmación rotunda: "El castigo es la consecuencia menos agradable y menos pedagógica que se puede aplicar a un niño. A veces, el niño busca el enfrentamiento o el castigo porque necesita sentir que sus padres le prestan atención. Es muy importante que recuerde que todos los niños necesitan mucho tiempo de juego y atención por parte de sus padres. Enfadándoles, solo se castigan sus necesidades y se refuerzan sus malos comportamientos. Hay que buscar alternativas eficaces para no entrar en la dinámica de las malas conductas".
Frente al castigo, existen otras herramientas con verdadero valor educativo. La primera de ellas es valorar lo positivo y cultivar una relación de calidad. En lugar de castigar o aislar a un niño que golpea a su hermano, se puede observar y valorar los momentos en los que no hay conflictos. Dar las gracias al pequeño que habitualmente molesta a los demás cuando consigue jugar un rato con su hermano, aunque sea breve, es una estrategia mucho más efectiva. Como medida preventiva, se puede dedicar cada día un momento a solas con ese niño que acumula comportamientos inapropiados, por ejemplo, después de acostar a los hermanos pequeños. La cuestión es elegir valorar lo que hace más hermosa la vida familiar, en lugar de señalar constantemente lo negativo, que es precisamente la manera de reforzarlo.
La segunda alternativa es enseñar competencias. Educar consiste en enseñar habilidades, no en castigar errores o fracasos. Ante un niño que tiene la costumbre de morder, se trata de estar atento a las señales que anuncian un desbordamiento para evitar el conflicto y prevenir el mordisco. El adulto puede sentarse junto al niño tenso y compartir su calma, en lugar de sumergirse con él en el caos. El acompañamiento empático y la enseñanza de pequeñas técnicas de regulación emocional ayudarán al pequeño a desarrollar sus habilidades relacionales.
La tercera vía es reparar las acciones cometidas. Uno de los elementos clave de la educación es transmitir a los niños la idea de reconocer la propia responsabilidad (en un daño material, una herida causada a otro, un insulto o un accidente) y mostrar compasión. Eso es señal de inteligencia y grandeza de ánimo, no de debilidad y mucho menos de humillación.
A veces los niños no tienen en cuenta a los demás porque tienen miedo de las consecuencias. Los castigos recibidos con anterioridad pueden haberles llevado a pensar que es mejor esconderse, mentir o acusar a otro que asumir la responsabilidad de sus actos. Incentivar la reparación en lugar del castigo y mostrar amor parecen estrategias más eficaces para desarrollar el sentido de la responsabilidad individual y la ética. El objetivo es que el niño mida el impacto y la consecuencia de lo que ha hecho. Si ha derramado agua, que la seque él mismo en lugar de ser aislado en su habitación. Si ha olvidado su cuaderno en casa, que aprenda a hacer una nota de recordatorio, una acción que sí es pedagógica, en lugar de escribir cien veces "no debo olvidar mi cuaderno". Si ha roto un objeto, que aprenda a repararlo o que compre otro con sus propios ahorros.
Lo ideal, concluyen los especialistas, es consultar al niño que ha cometido un error, una torpeza o un incumplimiento de la norma: ¿cómo podría reparar el objeto o la relación dañada? Reparar, al fin y al cabo, es fácil e incluso puede ser divertido, porque se trata de encontrar ideas para que las personas a las que se ha causado un daño se sientan mejor.
© SomosTV LLC-NC / Photo: © Chroma Early Learning Academy





































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































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