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La “caja de ideas” para combatir el aburrimiento infantil

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El aburrimiento forma parte de la vida de los adultos y de los niños. Aunque a menudo se percibe como algo desagradable o incómodo, no siempre es negativo. Puede ser una oportunidad para desarrollar la creatividad, la reflexión y la autonomía. Cuando un niño se enfrenta al aburrimiento, aprende a buscar soluciones por sí mismo, a inventar, a explorar y a tolerar sentimientos como la frustración. Pero si el niño se queja habitualmente de aburrimiento, existen técnicas que pueden ayudarle a desarrollar su imaginación.

Milena González, psicóloga, psicoterapeuta y madre de tres niños, explica en su cuenta de Instagram (@unamamapsicologa_) que, antes de aplicar cualquier técnica, conviene hacerse tres preguntas: ¿ya he compartido tiempo de calidad con él? ¿Me está diciendo que está aburrido porque busca conectar conmigo más que entretenerse? ¿Está realmente aburrido o solo necesita descansar tras un día lleno de planes, prisas y pantallas?

Si ya ha habido momentos de conexión y el niño no está sobreestimulado, entonces es el momento de ayudarle a gestionar su aburrimiento de forma constructiva. Ahí interviene la llamada "caja de ideas". No es un simple recurso para entretener al hijo, sino una herramienta que le enseña a gestionar su aburrimiento de manera creativa y autónoma. Fomenta la autonomía, la creatividad y la iniciativa, ayudándole a pasar de pensar "no sé qué hacer" a "puedo decidir qué hacer". Además, es un espacio de conexión entre padres e hijos.

Para crearla, solo se necesita una caja o un recipiente. Padres e hijo piensan juntos en ideas que le entusiasmen, y las escriben o dibujan en papelitos que se colocan dentro de la caja. Después, cuando el niño dice que está aburrido, solo hay que elegir un papel al azar. Algunos ejemplos de actividades pueden ser: construir con piezas, dibujar o pintar, inventar historias, hacer manualidades, leer cuentos, jugar con muñecos o ayudar en casa con tareas como cocinar u ordenar. También se pueden incluir materiales abiertos como colores, plastilina, pegatinas o papel.

La experta recomienda que, en lugar de dar la solución, se le pregunte al niño: "¿Quieres mirar tu caja de ideas?". Así, no se decide por él y se le da vía libre a la imaginación. González lo explica así: "Le acompañas, pero elige. Porque no se trata de que no se aburra sino de que aprenda que puede hacer algo con ese aburrimiento sin depender siempre de ti".

El aburrimiento es común e incluso sano, y suele responder a situaciones concretas. Es habitual que un niño diga que se aburre cuando está demasiado estimulado, no sabe entretenerse solo o sigue una rutina demasiado estructurada. También puede ocurrir si las pantallas, los juguetes o las actividades rápidas lo han acostumbrado a recibir estímulos constantes. Todo puede resultarle entonces lento y tedioso. La necesidad de atención o conexión con los padres puede ser otro factor clave.

Sin embargo, hay que prestar atención si el aburrimiento se acompaña de irritabilidad, apatía, problemas de atención o dificultad para disfrutar de actividades que antes le gustaban. En algunos casos, puede estar vinculado con dificultades de autorregulación o con TDAH. Detectar estos patrones a tiempo permite actuar de manera adecuada y ayudar al niño a desarrollarse de la mejor manera posible.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Milena González

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