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Cuando tu niña/o no quiere participar en actividades con otros niños o adultos

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Es una escena que conocen bien los profesionales de la educación infantil: llega el momento de la reunión en grupo y el niño se niega a acercarse, se aleja o continúa absorto en su juego. Este comportamiento puede desconcertar a los educadores, pero los especialistas sostienen que no tiene nada de anormal en los más pequeños.

"Su inmadurez neurológica impacta en su capacidad para regular la atención, las emociones y el compromiso con el grupo", explica Anne-Cécile Aligné, educadora de niños pequeños. La experta señala que este rechazo surge a menudo cuando se interrumpe el juego del niño. Si el pequeño está muy concentrado en su actividad, tolera mal que lo distraigan. El paso forzado hacia una actividad colectiva puede generar entonces frustración y provocar una actitud de oposición.

Participar en una reunión de grupo implica también mantener la atención, controlar los movimientos, aceptar la proximidad de los demás y adaptarse al entorno. Para algunos niños, todo esto puede suponer un esfuerzo considerable. Ante esta situación, la experta recomienda no obligar al niño. El objetivo es acompañarlo de forma progresiva, tranquilizarlo si no se siente seguro y proponerle que observe desde la distancia si prefiere mantenerse al margen.

"Si el niño no quiere participar, es mejor no forzarlo", advierte Aligné. "Cuando está jugando, se le puede proponer que traiga su juguete para facilitar la transición. Por último, algunos necesitan un apoyo que les dé más seguridad: invitarlos a sentarse en el regazo del adulto permite que permanezcan cerca del grupo mientras reciben una atención individualizada".

Otro comportamiento frecuente es el del niño que prefiere jugar solo. Esta actitud no necesariamente refleja un problema. Antes de entrar plenamente en el juego con otros, el niño pequeño pasa por fases de juego solitario que le permiten explorar y concentrarse a su propio ritmo. Aislarse también puede ser una forma de regular sus emociones. En estos casos, el reto consiste en apoyar las primeras formas de vínculo sin precipitar las interacciones, creando "pequeños puentes progresivos hacia el grupo", según Aligné.

También está el niño que busca constantemente la presencia del adulto. "Que permanezca cerca del adulto no indica que le vaya mal o que sea dependiente: significa simplemente que necesita sentirse seguro en todo momento", explica la especialista. El adulto actúa entonces como una base segura. La clave está en que el adulto esté disponible y responda con empatía.

Por último, está el niño que se niega a compartir. "A esta edad, el niño vive en la inmediatez: está inmerso en su juego y aún no percibe el deseo o el punto de vista del otro", señala Aligné. Soportar la frustración o esperar el turno requiere capacidades aún poco desarrolladas en los menores de tres años. Ante esta situación, es fundamental no forzar al niño a compartir, ya que eso podría aumentar su frustración. La especialista recomienda reconocer y nombrar las emociones del pequeño y valorar sus primeros esfuerzos para animarle a seguir intentándolo.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Parkwood Clinic

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