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Un estudio vincula la actividad eléctrica del cerebro con las dificultades de comunicación en niños autistas

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Investigadores de la Universidad de Virginia han identificado patrones sutiles en la actividad cerebral mientras los niños escuchaban hablar que podrían estar relacionados con la capacidad de comunicación en la vida cotidiana de los jóvenes con autismo. Los hallazgos, publicados en la revista Scientific Reports, ofrecen nuevas pistas sobre la biología que subyace al trastorno y podrían ayudar a los investigadores a medir de manera objetiva los desafíos comunicativos y evaluar nuevas terapias.

El estudio analizó la actividad cerebral de más de 300 niños y adolescentes mientras escuchaban hablar. Los resultados sugieren que diferencias sutiles en la actividad eléctrica del cerebro pueden ayudar a explicar por qué algunos jóvenes autistas tienen mayores dificultades con la comunicación verbal que otros. Los investigadores registraron la actividad cerebral de 306 participantes de entre 7 y 18 años, incluidos

162 jóvenes con autismo y 144 compañeros con un desarrollo típico. Los participantes llevaron cascos de electroencefalografía de alta densidad equipados con 128 sensores mientras escuchaban secuencias de palabras inventadas diseñadas para medir cómo procesa el cerebro el habla.

En lugar de centrarse únicamente en los patrones de ondas cerebrales tradicionales, los investigadores examinaron una medida más reciente de la actividad neuronal general, conocida como señal "aperiódica" del cerebro. Esta señal refleja el equilibrio entre la excitación y la inhibición, dos procesos fundamentales que ayudan al cerebro a distinguir la información significativa de la actividad de fondo. El estudio encontró que los participantes autistas mostraban patrones alterados en estas señales, consistentes con un mayor "ruido" neuronal, lo que sugiere que el cerebro podría procesar el habla de manera menos eficiente.

Más importante aún, los jóvenes cuya actividad cerebral parecía más ruidosa también tendían a obtener puntuaciones más bajas en las mediciones de comunicación verbal cotidiana. Esas mismas señales cerebrales no se asociaron con habilidades lingüísticas tradicionales, como el vocabulario o la gramática. Kevin Pelphrey, neurocientífico de la UVA y coautor del estudio, señaló que "este es un paso importante hacia la comprensión de los mecanismos neurales subyacentes a la comunicación en el autismo. Si podemos identificar marcadores biológicos fiables, eventualmente podrían ayudar a los investigadores a evaluar las intervenciones de manera más objetiva y comprender por qué las habilidades de comunicación difieren tan ampliamente en todo el espectro autista".

Los investigadores advierten que los hallazgos no representan una prueba diagnóstica para el autismo. En cambio, apuntan a un prometedor marcador biológico que eventualmente podría ayudar a los investigadores a monitorear los cambios en las habilidades de comunicación a lo largo del tiempo, o medir si las terapias están afectando la función cerebral subyacente. El trabajo también destaca el creciente papel de las técnicas avanzadas de ciencia de datos en la neurociencia, que permiten descubrir patrones sutiles en datos cerebrales complejos que antes eran difíciles de detectar.

Jack Van Horn, coautor y profesor de la Escuela de Ciencia de Datos de la UVA, explicó que "el cerebro humano genera una cantidad increíble de datos cada segundo. El desafío ya no es recolectarlos; es darles sentido. Los avances en el análisis computacional nos están permitiendo separar las señales significativas de la actividad de fondo de maneras que no eran posibles hace apenas unos años".

Aunque el estudio incluyó uno de los conjuntos de datos de EEG más grandes de su tipo, los investigadores señalan que se necesita trabajo adicional antes de que los hallazgos puedan influir en la atención clínica. La mayoría de los participantes tenían habilidades verbales promedio o superiores al promedio, y los estudios futuros deberán determinar si los resultados se extienden a individuos con autismo mínimamente verbales. Los autores también señalan que el EEG proporciona una medida indirecta de la actividad cerebral y, en última instancia, debería combinarse con otras técnicas de imagen para comprender mejor la biología subyacente.

© SomosTV LLC-NC / Photo: ©  University of Virginia

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