“Influencers” e inspiración: Cómo debemos alertar a los niños
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Vivimos en la era de "influir". La frase no es nueva, pero cada año pesa más. Personas con puntos de vista, con un talento, con hambre de atención online o con algo que vender encuentran un público en una o varias plataformas y, de pronto, influyen. La palabra, que antes se usaba en contextos más amplios o más sutiles, se ha convertido en un título profesional. Hay quien la pone en su biografía de Instagram como quien pone "arquitecto" o "profesor". Y no es lo mismo, claro, pero la industria ha decidido que sí.
El problema, si se mira con un mínimo de distancia, es que esa capacidad de influir no siempre viene acompañada de responsabilidad. Los que recuerdan los tiempos anteriores a internet, esos que algunos llaman "los before times", tenían que lidiar sobre todo con publicidad obvia.
Un anuncio en una revista, un cartel en la calle, un comercial en la televisión. Se sabía que era publicidad porque tenía un formato reconocible y, además, solía estar identificado como tal. Ahora, en cambio, YouTube y las redes sociales han cambiado las reglas por completo. Un vídeo de una rutina matutina aparentemente inocente puede terminar promocionando productos de promesas vacías, prácticas de "autoayuda" que no ayudan a nadie y sistemas de creencias enteros que los cerebros en desarrollo no están preparados para evaluar.
Esa es la cuestión de fondo: los niños y los adolescentes. Sus cerebros aún están formándose. Son más vulnerables a los mensajes implícitos, a las recomendaciones algorítmicas, a esa sensación de conexión personal que generan los creadores de contenido. Un niño que busca vídeos de Roblox puede, en cuestión de minutos, terminar viendo a un tipo hablando de masculinidad tóxica o de suplementos milagrosos. No porque lo haya buscado, sino porque el algoritmo decide que ese contenido es "relevante" para él. Y el algoritmo, como se sabe, no tiene criterios éticos. Solo tiene datos.
Una investigación reciente, citada por Christine Elgersma, editora senior de estrategia de contenido de aprendizaje en Common Sense Media, arroja cifras concretas. Dos de cada tres niños reciben publicaciones relacionadas con la masculinidad sin haberlas buscado. Y el sesenta por ciento de ellos encuentra a esos influencers "inspiradores". En el caso de las niñas, el patrón es similar, pero con otro tipo de contenido: belleza y "bienestar", también sin haberlo pedido. La pregunta, entonces, es incómoda pero necesaria: ¿quién queremos realmente que influya en nuestros hijos?
No se trata de demonizar todo lo que hay en internet. Existen influencias positivas, y no son pocas. Hay creadores que enseñan, que entretienen sin engañar, que construyen comunidades en torno a intereses genuinos. Pero lo que predomina, según advierten los especialistas, es una competencia feroz por la atención de las personas. Y esa competencia rara vez nace de un lugar puramente positivo. Los esfuerzos por atraparnos y retenernos pueden incluir tácticas manipuladoras, perspectivas inflamatorias y una urgencia por hacer dinero sin importar demasiado lo que ocurra al otro lado de la pantalla.
La psicóloga y educadora digital que firma el texto original, Christine Elgersman, propone una estrategia que combina el sentido común con herramientas concretas. Sugiere empezar por preguntar a los niños y adolescentes a quién siguen y por qué. Y luego, ir un paso más allá: "¿Qué has aprendido de ellos?". Es probable que muchos respondan que no es para tanto, que no hay que darle tantas vueltas. Pero ahí está el reto: hacerles pensar de forma más crítica. ¿Qué otros mensajes pueden estar incrustados en lo que un influencer dice, hace y vende? Porque siempre hay otros mensajes. A veces están a la vista. Otras veces, disimulados.
Una vez que los chicos empiezan a tener esa perspectiva, Elgersman propone dar un segundo paso: preguntarles dónde encuentran inspiración. No influencia, sino inspiración. ¿Quién o qué les inspira a aprender cosas nuevas, a ser creativos, a construir comunidad, a ayudar a los demás? ¿Quién les hace sentir con energía y suficientes, tal como son?
La diferencia entre influencia e inspiración no es sutil. La influencia puede venir de cualquier lado, a menudo sin ser pedida. La inspiración, en cambio, suele ser más profunda, más personal, más vinculada a los valores propios. Y los niños, como los adultos, necesitan tener eso en sus vidas. Puede que eso signifique reducir la hinchazón de la influencia online para hacer espacio a la inspiración.
Para ayudar en esa tarea, existen recursos pensados para distintas edades. No son recetas mágicas, pero ofrecen un andamiaje. Para los más pequeños, desde el nivel de kindergarten, hay actividades que trabajan sobre cómo los medios les hacen sentir. Se trata de una base temprana para que los niños aprendan a reconocer el impacto emocional de lo que consumen. En primer grado, se puede trabajar en identificar el propósito último de los medios: ¿es información, entretenimiento, publicidad? Tener esa capacidad de mirar más allá de la superficie es el primer paso para desarrollar un ojo crítico.
En cuarto grado, el foco puede estar en entender que muchos influencers no son benevolentes difusores de información, sino que están vendiendo algo. No es una idea cínica, es un hecho. La mayoría de los creadores de contenido monetizan su audiencia de una u otra manera. Eso no los convierte automáticamente en malas personas, pero sí significa que sus intereses no siempre están alineados con los de sus seguidores. En quinto grado, se puede profundizar en el pensamiento crítico sobre las influencias mediáticas, analizando cómo afectan nuestras decisiones y nuestra visión del mundo.
Ya en octavo grado, los adolescentes pueden enfrentarse a un concepto que suena contradictorio pero es cada vez más necesario: el ignoramiento crítico. No se trata de ignorar por ignorar, sino de reconocer que un algoritmo puede servirnos contenido que parece relacionado con nuestros intereses, pero que en realidad no nos aporta nada nutritivo. Y que está bien ignorarlo. De hecho, es saludable. La capacidad de decir "esto no me interesa, aunque me lo hayan recomendado" es una habilidad que se aprende y se entrena, como cualquier otra.
En el fondo, lo que plantea este enfoque es un cambio de perspectiva. Pasar de ser consumidores pasivos de contenido a ser sujetos activos que deciden qué merece su atención. No es fácil, sobre todo para quienes han crecido con el móvil en la mano y las notificaciones siempre activadas.
Pero es posible. Y empieza con preguntas sencillas, conversaciones en casa, pequeños ejercicios de distanciamiento crítico. No se trata de prohibir ni de alarmarse. Se trata de dar herramientas. Porque los influencers van a seguir ahí, y los algoritmos van a seguir haciendo su trabajo. La única variable que podemos cambiar es la capacidad de los chicos para mirar lo que ven y preguntarse, antes de sentirse inspirados: "¿Y esto, de quién es el interés?".
© SomosTV LLC-NC / Photo: © Tima Miroshnichenko
































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































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