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Empezar cuanto antes, probar y recompensar, claves para que niños coman verduras

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Lucia

Para muchos padres, hacer que sus niños coman vegetales es toda una odisea. Los estudios más recientes hablan de empezar cuanto antes, hacérselos probar varias veces con diferentes recetas y recompensarles por acabárselos, ayudaría, cuenta La Vanguardia.
Comer verduras es una recomendación fundamental ante el aumento de casos de obesidad, una epidemia provocada por la mala alimentación y el sedentarismo y que, en paralelo, eleva la prevalencia de enfermedades asociadas, como las cardiovasculares, la diabetes y algunos tipos de cáncer.
La primera infancia es un momento clave para incorporar hábitos saludables que se mantengan en el largo plazo. En este sentido, investigadores de Países Bajos han realizado un estudio controlado para encontrar métodos que puedan ayudar a los padres en la difícil tarea de lograr que los más pequeños coman vegetales variados.
"Es importante empezar a comer vegetales a una edad temprana", dijo la investigadora Britt van Belkom, del programa Juventud, Alimentos y Salud de la Universidad de Maastricht, en los Países Bajos.
"Sabemos por investigaciones anteriores que los niños pequeños generalmente tienen que probar una nueva verdura de ocho a diez veces antes de que les guste", añadió durante la presentación de los resultados del trabajo que lideró, en el Congreso Europeo sobre Obesidad (ECO), que este año se llevó a cabo precisamente en la ciudad de Maastricht.
Los investigadores también ha analizado si las recompensas son un buen método para incentivar a los niños a comer verduras de manera habitual.
Los resultados demuestran que sí.
"La caja de vegetales"
El estudio, bajo el nombre The Vegetable Box (La caja de vegetales) ha contado con la participación de unos 600 niños y niñas de entre 1 y 4 años que asistían a las guarderías de Limburg, en Países Bajos. Van Belkom y el resto de investigadores los dividieron en tres grupos con distintas condiciones: exposición/recompensa, exposición/sin recompensa, o control (sin exposición ni recompensa).
A los integrantes de los dos primeros grupos se les dio la oportunidad de probar una variedad de verduras durante tres meses y sin nada a cambio. En cambio, los niños del primer equipo recibieron recompensas divertidas (no alimentarias), como una calcomanía o una corona de juguete, cada vez que probaban una verdura.
El conocimiento que tenían los niños sobre verduras y la disposición a probarlas se midió al inicio y al final del estudio. El primer parámetro se evaluó mostrándoles 14 vegetales diferentes y preguntándoles cuántos podían nombrar. La lista estaba integrada por tomate, lechuga, pepino, zanahoria, pimiento, cebolla, brócoli, guisantes, coliflor, champiñones, judías verdes, escarola, calabaza y espárragos.
El consumo se midió dándoles la oportunidad de probar trozos pequeños de seis vegetales (tomate, pepino, zanahoria, pimiento, rábanos y coliflor) y contando cuántos estaban dispuestos a probar.
En la prueba previa, los integrantes del grupo de control (sin exposición ni recompensa), pudieron identificar alrededor de 8 verduras.
En la prueba posterior la cifra aumentó hasta llegar a las 10 verduras identificadas. Los otros dos equipos, en la prueba previa, identificaron alrededor de 9 verduras, y en la posterior, once.
Al inicio, cuando les ofrecieron las verduras, todos los grupos estaban dispuestos a probar alrededor de 5-6 vegetales. Al final del estudio, la cifra disminuyó en el grupo de control y sin recompensa y aumentó a 7 en el grupo con recompensa.
"Ofrecer vegetales regularmente a niños pequeños en las guarderías aumenta significativamente su capacidad para reconocer varias verduras", dijo Van Belkom. Y añadió que "recompensarlos por probarlas también parece aumentar su disposición a hacerlo". No obstante, subrayó que "el tipo de recompensa es muy importante: debe ser algo divertido, pero no comida".
Photo: © David Shankbone  / wikimedia

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