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Los zapatos de los más pequeños deben ser flexibles

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La salud de los pies comienza mucho antes de lo que se cree. Según el cirujano ortopédico Juanjo López, debería abordarse desde los primeros pasos del niño, y el calzado respetuoso con la anatomía juega un papel clave en ese proceso. No se trata de una moda pasajera ni de un capricho estético, sino de una necesidad biomecánica. López argumenta que los pies de los niños necesitan la libertad de moverse, flexionarse y desarrollarse sin restricciones. De lo contrario, se generan problemas que no se manifestarán hasta décadas después.

"Son 100% recomendables para niños o para cualquier persona que todavía esté en crecimiento", afirma en una entrevista, refiriéndose a los zapatos de tipo barefoot o minimalistas. El especialista destaca tres características esenciales de este tipo de calzado: su flexibilidad, la ausencia de diferencia de altura entre el talón y la puntera (lo que se conoce como drop cero), y la anchura de la puntera, que permite a los dedos extenderse y agarrarse al suelo. Estas tres condiciones, explica, permiten que el pie funcione como fue diseñado por la evolución, y no como un molde rígido que lo comprime.

El cirujano, colaborador principal de la marca Mustang Free, ha observado con preocupación un aumento notable de las deformidades en los pies de los niños en los últimos años. "Estaba viendo más y más deformidades en los pies de los niños", señala, y detalla que estos cambios no son meramente estéticos, sino que pueden afectar la forma de caminar y la postura durante toda la edad adulta. Por eso lanzó su proyecto para promover un calzado que respete la anatomía natural del pie desde una edad temprana. Su razonamiento es sencillo: si se fuerza el pie de un niño a crecer dentro de una forma que no es la suya, el resultado será un pie deformado.

López añade un dato fisiológico a menudo ignorado: los niños tienen un alto grado de sensibilidad en las plantas de los pies. "Desde que empiezan a caminar, tienen una gran sensibilidad en la planta de los pies", explica. Ese contacto directo con el suelo, o con una suela fina que lo transmita, mejora la estabilidad y ayuda a reducir las caídas, ya que el cerebro recibe información precisa sobre el terreno. Además, la mayoría de los niños tienen pies planos flexibles de forma natural durante las primeras etapas de su desarrollo. Lejos de necesitar un zapato ortopédico rígido, lo que necesitan es un calzado flexible que permita fortalecer la musculatura del arco con el tiempo.

En su opinión, muchos problemas que aparecen en la edad adulta comienzan realmente en la infancia. Habla de juanetes, dedos en martillo, fascitis plantar y malas alineaciones de rodillas y caderas. Todos ellos, sostiene, pueden tener su origen en unos zapatos estrechos y rígidos que moldearon la estructura del pie desde muy pequeños. Por eso insiste en que el calzado minimalista no es una tendencia pasajera, sino una herramienta preventiva de gran valor. Con él, el pie puede trabajar, fortalecerse y adaptarse sin ser forzado. El cirujano está convencido de que el cambio debe empezar desde abajo. Si los niños crecen usando zapatos que respetan su anatomía, la prevalencia de problemas podológicos en adultos podría reducirse significativamente. Y añade una ventaja: la transición es mucho más natural e indolora para los niños que para los adultos, ya que su capacidad de adaptación supera con creces a la de los mayores. En su opinión, proteger la salud de los pies infantiles debería ser una prioridad para todas las familias.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Amazon

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