Transmitir valores además de conocimientos, en el nuevo curso
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El curso escolar está comenzando, y con él, la rutina de horarios, deberes y actividades extraescolares. Pero más allá de las asignaturas y los exámenes, el regreso a las aulas ofrece una oportunidad que los padres y educadores no deberían desaprovechar: la de trabajar con los niños en aquellos valores que les servirán no solo para aprobar, sino para desenvolverse en la vida. La responsabilidad, el respeto, la amistad o la perseverancia no son conceptos abstractos que se aprenden de memoria; son herramientas prácticas que los niños interiorizan cuando las ponen en uso, es decir, cuando respetan un turno, cuando llegan puntuales a clase, cuando ayudan a un compañero con un problema o cuando preparan su mochila la noche anterior.
Los valores, según los definen los diccionarios, son cualidades por las que una persona o cosa es apreciada. Son las reglas de conducta y actitudes según las cuales nos comportamos y que están de acuerdo con aquello que consideramos correcto. Al nacer, los niños no son ni buenos ni malos. Con la ayuda y orientación de sus padres, educadores y de quienes conviven con ellos, aprenderán lo que está bien y lo que está mal decir, hacer, actuar y vivir. Sin embargo, conviene recordar que los niños no solo aprenden lo que se les enseña en la práctica, sino con el ejemplo que les dan sus padres en su forma de relacionarse con los demás, de pedir las cosas, de compartir mesa, de ayudar a los demás, de defender, de reclamar, de tolerar y de aceptar. Si los padres no tienen paciencia con los hijos, ¿qué creen que ellos van a aprender?
La responsabilidad que tienen los padres en la transmisión de los valores a sus hijos es crucial. Pero, ¿cómo educar a los hijos en valores? Primero, conociendo cada uno de esos valores, que pueden ayudar a los niños a convivir mejor, asumir responsabilidades, enfrentarse a las dificultades y desarrollar relaciones más positivas. La responsabilidad, por ejemplo, favorece la autonomía y el cumplimiento de tareas. El respeto mejora la convivencia y ayuda a aceptar normas y diferencias. La gratitud enseña a valorar lo que se recibe y lo que otros hacen por nosotros. La generosidad anima a compartir y a pensar en las necesidades de los demás. La perseverancia ayuda a continuar cuando algo resulta difícil. La amistad fortalece los vínculos, la confianza y el sentimiento de pertenencia. La empatía permite comprender cómo pueden sentirse otras personas. La solidaridad impulsa a colaborar y ayudar a quien lo necesita. El esfuerzo enseña que aprender requiere práctica, constancia y dedicación. El compañerismo favorece la cooperación y el apoyo dentro del grupo. La paciencia ayuda a esperar, respetar turnos y tolerar pequeños contratiempos. Y la autonomía permite asumir tareas y decisiones adecuadas a la edad.
Una forma sencilla de trabajar la educación en valores es elegir uno por mes y después relacionarlo con situaciones que los niños viven en casa y en el colegio. Hay calendarios descargables que ya están listos para que los pongan en práctica. Pero la lista de valores no se agota ahí. Ser amable es ser afectuoso, gentil, cortés, agradable, servicial, afable, atento y prestativo con los demás. La amabilidad es un valor que se basa en el respeto y la benevolencia en la forma con la que nos relacionamos con el otro. Por ello, es un valor que nos libera de situaciones de conflicto en la familia y con los amigos.
La humildad implica ser respetuoso con los demás. Un niño humilde tiene conciencia de que no sabe todo y que tiene mucho todavía que aprender. Es un niño que no infravalora a nadie ni se considera superior a nadie. La prudencia ayuda a los niños a conducirse en la vida con sentido común, con cierta mesura y precaución. Les ayudará a razonar, reflexionar y a ser cautelosos con sus palabras, acciones y conductas. La comprensión es una actitud que les brinda el entendimiento de las cosas. Ser comprensivos es mostrarse tolerantes frente a cualquier situación. La comprensión permite a los niños entender mejor las reacciones emocionales, así como las conductas de los demás.
La compasión es un valor que debe ser enseñado a los niños para que sean más humanos frente a las adversidades de los demás. Les hace más sensibles y a sentir lástima hacia los demás. Es necesario enseñarles a ser compasivos ante la enfermedad, las penurias y las desgracias de los demás. La piedad consiste en estar al lado de quien necesita apoyo, en querer ayudar a otra persona a solucionar sus problemas. Al educar a los niños con el valor de la piedad, se les enseña el respeto al prójimo o al ajeno. La fidelidad se refiere a la capacidad de cumplir con lo prometido y no engañar ni traicionar al otro, en todos los ámbitos de la vida. Enseñar a los niños a que sean fieles les ayudará a crear relaciones saludables con la familia y amigos. Ser fiel a sí mismo también es importante. Fiel a la educación que recibe, a sus principios, a sus deseos y metas.
Enseñar a los niños a perdonar no es una tarea fácil, pero con el ejemplo seguro que ellos entenderán y practicarán este gran valor. El perdón enseñará a los niños a reconocer sus propios errores y los de los demás, a ser humildes y a saber que todos nos equivocamos. Aprenderán que cuando perdonamos a alguien, nos liberamos del resentimiento, de la ira y de la tristeza. La puntualidad consiste en controlar el tiempo.
Aprender la puntualidad es esencial para que los niños aprendan a evitar las distracciones y a enfocarse en las prioridades y compromisos. Los niños deben aprender que llegar puntual a la escuela es una forma de respeto a los maestros, alumnos y a sí mismos. La puntualidad favorece los hábitos y rutinas.
El coraje es la capacidad que los niños deben aprender para poder hacer frente a las adversidades, a emociones como el miedo, la frustración. El optimismo ayudará a los niños a desarrollar una mayor resiliencia, a tener la capacidad de enfrentarse a las adversidades con confianza y determinación. Cuando ellos practican el optimismo se convierten en personas más resistentes, perseverantes y positivas. El valor del compromiso enseña a los niños a ser determinados y responsables. El compromiso exige decisiones y cumplimiento. El valor de la organización favorece y fortalece la capacidad de los niños de ordenar, de entender su mente, sus emociones y actitudes. Ser organizado es tener control sobre las cosas, sobre el tiempo, y tener un día a día mejor estructurado.
La obediencia es un valor con el que los niños pueden aprender a colaborar y participar, a acatar normas y reglas, a integrarse. Obedecer no significa que los niños respondan inmediatamente a lo que los padres les piden. La obediencia les enseñará a escuchar a los demás, a tener en cuenta a otras personas y a no ser egocéntricos. La confianza es el valor que convierte a los niños en capaces de aprender con las circunstancias y los retos. Es importante que los niños conquisten la confianza en sí mismos para que puedan transmitirla a los demás. La confianza lleva a los niños a tener una actitud más positiva, más segura sobre cualquier situación. Ser caritativo enseña a los niños a ser menos egoístas y a pensar más en los demás. Significa ser generoso y bondadoso. La caridad es un valor que puede fomentar en los niños la necesidad y el deseo de ser capaces de colaborar y ser solidarios.
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