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El teatro como refugio para niños autistas

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La primera vez que subió a un escenario, no tenía una sola línea de diálogo. Era un papel diminuto, sin palabras, en una producción de "Tom Sawyer". Pero para aquel niño de sexto grado, estar ahí, bajo las luces, significaba algo más grande que él mismo, aunque entonces no lo supiera explicar.

Años después, al mirar atrás, entiende que el programa de teatro al que accedió gracias a su distrito escolar, el Heights Youth Theatre de Cleveland, fue mucho más que un taller de arte dramático. Fue un campo de pruebas para alguien que, sin saberlo aún, se movía en el espectro autista. “En quinto grado, nos llevaron a ver ‘Pippi Langstrumpf’”, recuerda. Al año siguiente, ya formaba parte del reparto. Sus padres lo apuntaron al teatro nada más empezar la secundaria.

Las clases, basadas en el Método Stanislavski, enseñaban a “meterse en un papel, no solo a jugar a hacer creer”. Pero él no siempre entendía los ejercicios. Una vez les pidieron que representaran la espera de un autobús con un frío glacial. ¿Cómo transmitir eso al público? En ocasiones se sentía un impostor, aprendía por imitación, copiando a los demás. Sin embargo, algo cambió: por primera vez, sintió que pertenecía a un grupo.

Hoy, el Heights Youth Theatre, fundado en 1945 y uno de los teatros infantiles más antiguos de Estados Unidos, ha ampliado su enfoque. Según documentos internos del programa, ahora incluye debates sobre diversidad, equidad e inclusión. Pero durante aquellos años, bajo la dirección de Jerry Leonard, la experiencia era intensa y contradictoria. “Eres reemplazable”, se le podía oír gritar durante los ensayos. Un profesional estricto que señalaba los errores con firmeza. Y, sin embargo, también ofrecía un lugar a cada niño: si no lograban un papel, había tareas entre bastidores. A él, demasiado joven para los musicales de verano, le nombraron acomodador en un anfiteatro histórico. Esa pequeña inclusión lo significó todo.

Ahora, investigaciones recientes subrayan lo que aquel niño intuyó. Como señala un estudio de 2025 citado por el programa, las necesidades de los estudiantes autistas en el teatro “no han sido investigadas al mismo nivel” que las de otras discapacidades, a menudo por la percepción de que solo participan en contextos educativos o terapéuticos. Pero el teatro ofrece estructura, rutina y ensayos predecibles. Para muchos autistas, que prosperan con la constancia, ese entorno controlado es un alivio.

“Participar en teatro ayuda a practicar el contacto visual, el diálogo, el turno de palabra y la comunicación no verbal”, apunta el texto. Además, permite explorar identidades más allá de uno mismo. “Adoptar personas menos ansiosas fue importante para mi desarrollo social”, confiesa el autor del primer testimonio. “No tenía sentido de ‘mí mismo’, pero al convertirme internamente en un personaje, podía responder como él lo haría”.

Los recuerdos siguen siendo agridulces. Allí conoció a su mejor amiga, y lo sigue siendo décadas después. Pero las audiciones lo aterraban. Cuando intentaba cantar ante el director, sus cuerdas vocales se paralizaban por miedo al juicio. Sin embargo, un antiguo compañero del teatro, ‘Tom’, escribió en redes sociales: “Aquí había personas que realmente amaban. Y me acogieron sin vergüenza […] Fui atrapado por una ola de casualidad y quedé deslumbrado por el amor”.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Pensacola Little Theatre

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