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La tendencia de TikTok que lleva a los niños al baño para decir malas palabras

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Un padre se coloca junto a la puerta del baño. Tiene el teléfono en la mano, grabando. Del otro lado de la puerta, su hijo ha recibido instrucciones claras: tiene unos minutos a solas para decir todas las "malas palabras" que conoce. Desde el interior del baño se escuchan risas, susurros y la emoción de hacer algo que normalmente no está permitido. Los comentarios en las redes sociales, especialmente en TikTok, están llenos de padres que califican la práctica como inofensiva, incluso saludable.

Esta tendencia, que se ha viralizado en las últimas semanas, consiste en conceder a los niños un tiempo limitado en un espacio cerrado para que expresen libremente todas las palabras tabú que han aprendido. La intención, al menos en apariencia, es buena. Los estilos de crianza actuales promueven que los niños se expresen y eviten reprimirse. Sin embargo, no todos ven esta práctica con buenos ojos.

Gurpreet Virdi-Bains, autora del artículo publicado en "Today's Parent", admite que algo en esta tendencia no le termina de cuadrar. No porque crea que decir malas palabras sea lo peor del mundo, sino porque se pregunta si, al intentar gestionar el tema de manera tan controlada, se le está dando a las malas palabras más importancia de la que realmente merecen.

La cuestión de fondo tiene que ver con el desarrollo infantil. La doctora Mona Amin, pediatra certificada y fundadora de PedsDocTalk, explica que los niños suelen sentirse atraídos por las "malas palabras" no porque las comprendan del todo, sino por las reacciones que esas palabras generan. Amin señala: "Las malas palabras suelen venir acompañadas de una reacción, y una palabra que hace reaccionar a los adultos puede resultar poderosa o divertida para los niños". En muchos casos, los pequeños están experimentando con el lenguaje y con la relación de causa y efecto. Aprenden que ciertas palabras pueden cambiar la energía de una habitación. Para los niños más pequeños, especialmente, esa reacción puede resultar emocionante y merecedora de ser repetida.

También hay un componente emocional. Un niño que está frustrado, abrumado o sorprendido puede recurrir a una palabra que ha escuchado en esos momentos, incluso si no comprende completamente su significado. Desde esa perspectiva, la tendencia del "tiempo para decir malas palabras" se vuelve más compleja. La idea detrás de la práctica es que dar a los niños un espacio delimitado para decir malas palabras les permite liberar sus sentimientos de forma segura. En superficie, puede parecer razonable. Pero convertir el hecho de decir malas palabras en una actividad designada puede, sin quererlo, darle más importancia de la que tiene.

La doctora Amin matiza que este enfoque puede depender de la edad y el nivel de comprensión del niño. Los niños mayores pueden ser capaces de entender el contexto y los límites con mayor claridad, especialmente si las expectativas están bien definidas dentro del hogar. Pero para los niños más pequeños, la distinción no siempre es clara. Amin advierte: "Puede que no entiendan del todo por qué una palabra está bien en un lugar pero no en otro, y convertirla en un ritual 'especial' puede hacer que la palabra parezca más emocionante". Cuando algo se presenta como especial, privado o ligeramente prohibido, suele volverse más atractivo, no menos.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © PXHere

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