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Preparar a un niño de preescolar para la llegada del perro

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Si han decidido tener un perro por primera cuando su niño estad en esas preescolar, hay que considerar algunas precauciones para que los pequeños de la casa lo reciban y lo traten lo mejor posible. Ello requiere tiempo, repetición y, sobre todo, mucha supervisión adulta.

Lo primero que conviene entender es que un niño de preescolar no tiene aún desarrollado completamente el control de sus impulsos. Un pequeño de cuatro años puede saber que no debe tirar de la cola del perro, pero en un momento de emoción puede olvidarlo por completo. No se trata de mala educación ni de desobediencia, sino de una cuestión madurativa. Por eso, los expertos en crianza y en comportamiento canino coinciden en un punto: el adulto es el responsable último de la seguridad de ambos, el niño y el animal.

Antes incluso de que el perro ponga una pata en casa, conviene empezar a trabajar con el niño. Una de las estrategias más recomendadas es el juego de roles. Con un peluche que haga las veces de perro, se puede ensayar cómo acariciar correctamente: con la mano abierta, suavemente, y evitando zonas sensibles como la cara, las orejas o la cola. También se puede practicar qué hacer cuando el perro come o cuando duerme. Al niño se le explica que esas son "zonas de NO" y que no se debe molestar al animal en esos momentos. El juego permite repetir la lección sin riesgo y de forma divertida.

Otra preparación previa tiene que ver con el lenguaje. Los niños de preescolar entienden mejor las instrucciones concretas que las generalidades. Decir "pórtate bien con el perro" es demasiado ambiguo. En cambio, frases como "al perro se le toca solo en el lomo" o "cuando el perro esté comiendo, nosotros no nos acercamos" son mucho más efectivas. También es útil enseñar al niño a leer el lenguaje corporal del animal. Aunque un niño de cuatro años no va a convertirse en un etólogo, sí puede aprender a identificar señales muy básicas: si el perro gruñe, se aparta o esconde la cola, hay que dejarlo tranquilo.

Cuando el perro llega a casa, los primeros días son críticos. Los especialistas recomiendan que los primeros encuentros sean cortos y siempre supervisados por un adulto. No se debe dejar al niño y al perro solos juntos, ni siquiera un minuto. El adulto debe estar presente, observar y, si es necesario, separar. Con el tiempo, a medida que ambos se conozcan, se puede ir aumentando la duración de los encuentros, pero la supervisión nunca debería desaparecer del todo cuando se trata de un niño tan pequeño.

Es importante también enseñar al niño qué no hacer. Los niños pequeños tienden a abrazar a los animales con fuerza, a perseguirlos o a gritar cuando juegan. Todo esto puede asustar a un perro, incluso a uno de carácter tranquilo. El adulto debe explicar con paciencia, pero con firmeza, que el perro no es un juguete. Una fórmula que suele funcionar es comparar al perro con el propio niño: "A ti no te gusta que te tiren del pelo, pues al perro tampoco". La empatía básica es un concepto que un preescolar ya puede empezar a entender.

Otro aspecto que se suele olvidar es la gestión de los recursos. El perro tendrá su comida, sus juguetes y su cama. El niño debe aprender que esos objetos son del perro y que no se los puede quitar. De la misma manera, el niño tendrá sus juguetes y sus espacios, y el perro debe aprender a respetarlos. Para facilitar esta separación, muchos profesionales recomiendan instalar barreras físicas en casa, como puertas para bebés, que permitan que cada uno tenga su zona de refugio. El niño debe entender que cuando el perro está en su cama o detrás de la barrera, no se le molesta.

La calma es una herramienta fundamental. Si el niño se emociona y empieza a correr o a gritar cerca del perro, el adulto debe intervenir antes de que ocurra un incidente. No se trata de regañar al niño, sino de recordarle las reglas con un tono neutro. "Recuerda, con el perro hablamos bajito y caminamos despacio". La coherencia es clave: si un día se permite algo y al día siguiente no, el niño se confunde y el perro también.

Los paseos compartidos pueden ser una excelente forma de crear vínculo, pero con niños de preescolar requieren precauciones adicionales. Al principio, lo más seguro es que el adulto lleve al perro atado con una correa corta y que el niño camine al lado del adulto, no sujetando la correa. Cuando el niño sea mayor y haya demostrado que entiende las normas, se le puede dejar sostener la correa durante tramos cortos, siempre con el adulto muy cerca. Nunca se debe permitir que un niño de preescolar saque solo al perro a la calle.

Hay también enseñanzas que parecen menores pero que son muy importantes, como no despertar al perro cuando duerme. Un perro que descansa y es sobresaltado puede reaccionar mal por puro reflejo. El niño debe aprender a llamar al adulto si quiere jugar con el perro y este está dormido. Del mismo modo, no se debe molestar al perro cuando come. Muchos perros, incluso los de carácter dulce, pueden mostrar comportamientos de protección de su comida. Es preferible dar de comer al perro en una habitación separada o a una hora en la que el niño esté distraído con otra actividad.

Los expertos en psicología infantil recomiendan también involucrar al niño en los cuidados básicos del perro, siempre de forma adaptada a su edad. Un niño de cuatro años puede echar la comida en el comedero si un adulto le mide la ración, o puede llenar el cuenco de agua. También puede participar en cepillar al perro con un cepillo de cerdas suaves, siempre bajo supervisión. Estas pequeñas responsabilidades ayudan al niño a sentirse parte del cuidado del animal y a entender que el perro no es solo un juguete, sino un ser vivo que necesita atenciones.

Hay que tener expectativas realistas. Incluso con la mejor preparación, es probable que en algún momento el niño tire de la oreja del perro o intente montarse encima. El perro, por su parte, puede ladrar al niño, quitarle un juguete o incluso gruñir. Estas situaciones no significan que el experimento haya fracasado, sino que forman parte del proceso de aprendizaje. El papel del adulto es anticiparse, prevenir los problemas cuando sea posible y, cuando ocurran, separar con calma, calmar a ambos y luego explicar qué ha pasado y por qué no debe volver a suceder.

Algunas familias encuentran útil establecer una señal de "alto" para momentos de tensión. Puede ser una palabra, como "basta" o "¡ay!", que tanto el niño como el perro aprendan a reconocer como una orden de detenerse. Con el niño se ensaya en situaciones de juego; con el perro se refuerza con premios cuando obedece. Con el tiempo, esa señal puede servir para frenar una interacción que se está volviendo demasiado brusca.

También es conveniente que el niño tenga espacios donde el perro no pueda entrar. Su habitación, por ejemplo, puede ser una zona libre de perro. Así el niño tiene un lugar donde retirarse si se siente abrumado, y el perro aprende que no tiene acceso a todo el territorio. La simetría es importante: el perro tiene su cama o su jaula donde el niño no le molesta, y el niño tiene su habitación donde el perro no entra.

Los adultos deben dar ejemplo. Un niño aprende más por imitación que por instrucción. Si ve que los adultos tratan al perro con suavidad, que no le gritan, que respetan sus momentos de descanso y que no le quitan la comida de la boca, el niño tenderá a hacer lo mismo. Por el contrario, si los adultos son bruscos o inconsistentes, el niño copiará esa conducta.

Por último, conviene recordar que cada perro es diferente y que cada niño también. Un perro de raza grande y paciente puede tolerar más brusquedad que un perro pequeño y nervioso. Un niño tranquilo y observador necesitará menos recordatorios que un niño muy impulsivo. La clave está en observar, adaptarse y no dar por sentado que porque un día todo fue bien, al día siguiente también lo será. La convivencia entre un preescolar y un perro es posible, incluso puede ser maravillosa, pero solo si los adultos asumen su responsabilidad de formar al niño, de supervisar siempre y de poner límites claros desde el primer día.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © PXHere

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