Noticias

En edad preescolar, frutas y verduras se asocian con menos ansiedad, snacks con más agresividad

publisher

mcora

La salud mental de los niños pequeños preocupa cada vez más a los investigadores. Un estudio noruego publicado en mayo de 2026 en la revista "Nutrients" se ha interesado por una pregunta que hasta ahora había sido poco explorada: la alimentación de los más pequeños, ¿está asociada a sus comportamientos emocionales y sociales? Nina Cecilie Øverby, Elisabet Rudjord Hillesund y Christine Helle, investigadoras del departamento de Nutrición y Salud Pública de la Universidad de Agder, en Kristiansand (Noruega), analizaron los datos de 363 niños de cuatro años y de sus madres para intentar responder a esa cuestión.

El resultado que obtuvieron fue el siguiente: una frecuencia más elevada de consumo de frutas y verduras se asocia a menos comportamientos internalizantes, como ansiedad, tristeza o repliegue en uno mismo, y también a menos comportamientos externalizantes, como crisis de ira, agresividad o agitación. Por el contrario, un consumo frecuente de snacks dulces o salados se vincula a más comportamientos externalizantes. Estas asociaciones se mantuvieron significativas después de corregir los datos en función del nivel de educación materno, las dificultades financieras del hogar y la salud mental de las madres. Los propios autores advierten, no obstante, de que estos resultados son observacionales, es decir, no permiten establecer una relación de causa y efecto.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron cuestionarios de frecuencia alimentaria que fueron rellenados por los padres. A partir de esas respuestas se calcularon cinco puntuaciones diferentes: verduras (con quince alimentos diferentes), frutas (diez alimentos), frutas y verduras combinadas, snacks dulces o salados (pasteles, helados, chocolate, caramelos, patatas fritas de bolsa) y bebidas azucaradas. Los comportamientos de los niños se evaluaron mediante una versión abreviada y validada de la Child Behavioral Checklist, una herramienta que distingue entre comportamientos internalizantes (dieciséis ítems) y externalizantes (once ítems).

En términos de cifras medias, los niños de la muestra consumían verduras 3,7 veces al día, frutas 2,7 veces y snacks dulces o salados 0,7 veces. Sobre el conjunto de la cohorte, un aumento de una unidad al día en la puntuación combinada de frutas y verduras se asoció a una reducción de 0,21 puntos en la puntuación de síntomas internalizantes y de 0,19 puntos en la puntuación de síntomas externalizantes. En el caso de los snacks dulces o salados, cada unidad adicional al día se asoció a un aumento de 1,81 puntos en la puntuación de comportamientos externalizantes, un efecto notablemente más marcado que el observado con las frutas y verduras.

Las bebidas azucaradas, por su parte, no mostraron una asociación significativa. Cuando los análisis se hicieron por separado para cada sexo, las asociaciones resultaron estadísticamente significativas solo en los niños varones. En las niñas se observaron asociaciones en la misma dirección, pero no alcanzaron el umbral de significatividad estadística.

Los autores del estudio insisten, sin embargo, en que estos resultados, aunque estadísticamente robustos, presentan limitaciones importantes. La primera y más relevante es que los datos son transversales, es decir, describen una fotografía fija tomada en un momento determinado, sin que sea posible determinar qué ocurrió antes. Una causalidad inversa sigue siendo perfectamente posible. En otras palabras, que los niños más ansiosos o más agitados pudieran rechazar con más frecuencia las frutas y verduras, o que recibieran más fácilmente snacks para calmarse.

Otra limitación es que los datos alimentarios se basan exclusivamente en las declaraciones de los padres, sin que se haya medido las cantidades reales consumidas. Por último, la muestra está compuesta mayoritariamente por madres con estudios superiores, un 87 por ciento del total, lo que la hace poco representativa de las poblaciones más desfavorecidas, en las que las asociaciones podrían incluso resultar más marcadas. Los propios investigadores reconocen que se necesitan estudios de intervención para comprobar si mejorar la alimentación de los niños pequeños modifica efectivamente sus comportamientos emocionales.

A pesar de estas precauciones, existen varios mecanismos biológicos que podrían explicar en parte estas asociaciones. Las frutas y verduras contienen vitamina C, vitamina E, betacarotenos y ácido fólico, nutrientes que limitarían el estrés oxidativo, un proceso que fragiliza las neuronas. Los azúcares y las dietas ricas en grasas podrían, independientemente de las carencias nutricionales, reducir la plasticidad en áreas cerebrales implicadas en la regulación emocional. Además, las verduras y frutas suelen consumerse durante comidas compartidas en familia, un contexto que en sí mismo es favorable para el equilibrio emocional del niño.

Las investigadoras de la Universidad de Agder sostienen que estos resultados abogan porque las estructuras que rodean a los niños pequeños, como las guarderías, la medicina de atención primaria y los programas de apoyo a los padres, integren la alimentación temprana como una palanca más para la salud mental. En un momento en que el cumplimiento de las recomendaciones nutricionales sigue siendo bajo en la mayoría de los países, identificar intervenciones dirigidas desde la primera infancia representa un asunto de salud pública con un potencial considerable.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © PXHere

Comentarios

Leave a Reply

NOTICIAS DESTACADAS