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Los venenos que guardamos bajo el fregadero e intoxican a cientos de miles de niños

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La escena se repite en cientos de miles de hogares cada año. Un niño pequeño, de esos que acaban de aprender a caminar y que aún no distinguen un juguete de un peligro, abre un armario que debería estar cerrado. Mete la mano. Saca algo que llama su atención por el color, por la forma, quizá porque el envase hace un ruido interesante al agitarlo. Y luego, como hace con todo lo que capta su curiosidad, se lo lleva a la boca.

Lo que ese niño no sabe, porque no sabe leer ni entiende de calaveras en las etiquetas, es que está a punto de traer un producto químico diseñado para destruir bacterias y disolver la grasa más incrustada. Esa misma propiedad que lo hace eficaz para limpiar el baño o la cocina es la que, al entrar en contacto con la garganta, el estómago o los ojos de un menor, puede quemar tejidos, intoxicar su organismo o incluso enviarlo a una cama de hospital.

Un nuevo estudio publicado en la revista "Pediatrics" ha puesto números a esta realidad cotidiana. Y los números son contundentes. Más de 240.000 niños de cinco años o menos fueron atendidos en servicios de urgencias de Estados Unidos por lesiones relacionadas con productos de limpieza del hogar en un período de dieciséis años, entre 2007 y 2022.

La cifra, extraída de un sistema federal de vigilancia que rastrea lesiones vinculadas a productos de consumo, es en realidad una estimación muy conservadora. Porque no incluye a los niños que fueron tratados en consultas pediátricas o en centros de atención urgente, ni a aquellos cuyos padres resolvieron el incidente llamando a un centro de toxicología sin necesidad de acudir a un hospital.

La doctora Leana Wen, médico de urgencias y profesora adjunta en la Universidad George Washington, ha analizado los datos con la perspectiva de quien ha atendido decenas de estos casos en la sala de emergencias y también con la de madre de dos niños pequeños. "Este estudio analizó datos nacionales de urgencias durante un período de dieciséis años, centrándose en lesiones no intencionales entre niños de cinco años o menos", explica Wen. La mayoría de estos accidentes, casi el sesenta por ciento, se produjeron por ingestión. El niño tragó el producto. Casi otro cuarenta por ciento fueron por contacto directo con la piel. Y un pequeño porcentaje, del 1,2 por ciento, por inhalación de vapores.

Dos tipos de productos dominan las estadísticas con diferencia. La lejía, utilizada en la mayoría de los hogares y a menudo almacenada en lugares de fácil acceso, fue responsable de aproximadamente el treinta por ciento de las lesiones. Los detergentes para lavandería y lavavajillas no se quedan atrás: casi otro veintinueve por ciento.

Dentro de estos últimos, los llamados "detergent packets" —monodosis de gel o polvo concentrado envueltas en una película soluble— son especialmente peligrosos. Llegaron al mercado hace poco más de una década y se convirtieron rápidamente en una de las principales fuentes de intoxicación infantil. Son pequeños, de colores brillantes y a menudo se parecen a caramelos. Para un niño de uno o dos años, resultan irresistiblemente atractivos.

Las lesiones más comunes diagnosticadas en urgencias fueron intoxicaciones, que representaron cerca del 64 por ciento de los casos. Le siguieron las quemaduras químicas, en torno al 14 por ciento, y las irritaciones dérmicas u oculares, alrededor del 11 por ciento. Pero lo más preocupante es que aproximadamente el siete por ciento de los niños atendidos requirieron hospitalización. De ellos, cerca del 84 por ciento habían ingerido el producto. Y casi la mitad de esos niños hospitalizados tenían un año o menos.

"Estos productos de limpieza están diseñados para descomponer la grasa y las manchas y para destruir bacterias, y esas mismas propiedades que los hacen efectivos pueden dañar el tejido humano", advierte Wen. No es una amenaza teórica. Es la razón por la que los fabricantes incluyen advertencias en las etiquetas, aunque los niños no puedan leerlas.

Los autores del estudio añaden un dato que pone en perspectiva el alcance real del problema. Solo en 2023, los centros de control de intoxicaciones recibieron 90.000 llamadas relacionadas con estos productos. Llamadas de padres desesperados que encontraron a su hijo con la boca llena de detergente o con la piel enrojecida por la lejía.

Muchas de esas llamadas se resolvieron con indicaciones telefónicas, sin necesidad de desplazamiento al hospital. Pero cada una de ellas representa un susto, un momento de pánico, y en ocasiones el inicio de una pesadilla.

¿Por qué son tan vulnerables los niños pequeños? La respuesta está en su propio desarrollo. Los niños pequeños son móviles, curiosos y exploran constantemente. Usan sus manos y su boca para interactuar con su entorno, explica Wen. Y aún no son capaces de reconocer el peligro. No pueden leer etiquetas ni entender advertencias. Si algo les parece colorido o interesante, lo cogen y se lo llevan a la boca.

La solución, sin embargo, no requiere tecnología avanzada ni grandes inversiones. Es sencilla, aunque no siempre se aplica. La doctora Wen enumera varios pasos. El primero y más importante es el almacenamiento seguro: los productos de limpieza deben mantenerse en alto, fuera de la vista de los niños pequeños y, idealmente, dentro de armarios con cierre. Hay que guardarlos inmediatamente después de usarlos, no dejarlos en la encimera "solo un momento", porque ese momento puede ser suficiente para que un niño curioso los alcance.

También es fundamental mantener los productos en sus envases originales. Trasladarlos a otras botellas, especialmente si son de bebidas o alimentos, aumenta el riesgo de que un niño los confunda con algo seguro para consumir. Cuando sea posible, conviene elegir productos con envases a prueba de niños, aunque esta protección no es infalible. Y hay que hablar con los niños sobre el peligro. Los más pequeños quizá no entiendan, pero los mayores pueden aprender a evitar estos riesgos y ayudar a mantener alejados a sus hermanos pequeños.

Por último, Wen insiste en que todos los cuidadores deben tener a mano el número del centro de control de intoxicaciones y llamar inmediatamente si hay alguna sospecha de exposición. "Los cuidadores no deben esperar a que aparezcan los síntomas antes de llamar. Esta situación requiere una acción rápida que puede marcar una diferencia significativa en los resultados", advierte.

El estudio es una fotografía de media década, pero la realidad que retrata no ha cambiado en lo que va de 2026. En España, aunque no existen cifras actualizadas con el mismo nivel de detalle, las intoxicaciones por productos de limpieza son una de las consultas más frecuentes en los servicios de urgencias pediátricas, especialmente durante los meses de verano, cuando los niños pasan más tiempo en casa y las rutinas de limpieza se intensifican. La lejía sigue siendo la reina de los accidentes, seguida de los detergentes en cápsulas, esos pequeños paquetes blandos que tantas comodidades aportan a la colada y tantos sobresaltos a las familias.

Porque el problema no es que los productos sean malos o deban prohibirse. El problema es que están ahí, en casi todas las casas, y muchas veces no se les presta la atención que merecen. Se guardan bajo el fregadero porque es cómodo, al lado de las bayetas y las esponjas. Se dejan en el borde de la bañera mientras se limpia el azulejo. Se olvidan en la mesa después de fregar los platos. Y los niños, siempre observadores, siempre rápidos, siempre silenciosos cuando hacen algo que no deben, aprovechan esa confianza para explorar un mundo que aún no entienden.

El consejo de los pediatras es unánime. Subir los productos. Cerrar los armarios con llave o con un cierre de seguridad. No fiarse de la altura de una estantería si el niño puede trepar. Y tener el número de toxicología pegado en la nevera, junto al del pediatra y al de urgencias. Porque cuando un niño se lleva una cápsula de lavavajillas a la boca, el tiempo corre en contra. Y una llamada a tiempo puede ser la diferencia entre un susto y una tragedia.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Siyavula Education

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