El sueño infantil como cuestión cultural y de mercado
publisher
mcora
La forma en que duermen los niños ha dejado de ser una simple cuestión biológica para convertirse, en muchas sociedades occidentales, en un tema que genera preocupación, culpa y, según algunos expertos, una industria comercial específica. Este enfoque parte de una desconexión que varias antropólogas sitúan a finales del siglo XIX. Cecilia Tomori y Helen Ball, coautoras de un estudio sobre el sueño seguro, junto con Melissa Bartick, sostienen que el sueño infantil normal se ha convertido en un problema "porque las normas socioculturales (y las recomendaciones que se basan en ellas) no son compatibles con las normas biológicas para el sueño infantil humano". Para ellas, esta ruptura comenzó "cuando los padres comenzaron a colocar a los bebés en habitaciones separadas y esperaban que durmieran toda la noche".
La antropóloga española María José Garrido, autora del libro "Etnopediatría: infancia, biología y cultura", recuerda que en la mayor parte del mundo lo habitual sigue siendo el sueño en compañía, una práctica que también era común en Occidente "hasta hace 200 años". "La idea de que los niños duerman solos es algo muy reciente en la historia de la humanidad", afirma.
Las condiciones actuales de vida, como el estrés y, en muchos casos, la soledad con la que se experimenta la crianza, convierten las noches de sueño interrumpido en una situación particularmente difícil. Un estudio publicado en la revista científica "Sleep" concluyó que las interrupciones continuas del sueño podían ser más perjudiciales que dormir pocas horas. A esta presión se suma la inquietud que pueden generar las consultas pediátricas sobre los hábitos de sueño del niño.
En su libro "Hijos y padres felices", los psicólogos Alberto Soler y Concepción Roger mencionan la Clasificación Internacional de Trastornos del Sueño de la American Academy of Sleep Medicine, donde se cataloga como trastorno el que un bebé necesite ser acunado, mamar o usar un chupete para dormir. "Por la descripción de este trastorno, parece ser que todo lo que escape de que el niño se duerma solo sin la ayuda de sus padres sería patológico", escriben.
El doctor Eduard Estivill, autor del libro "Duérmete niño", explica que desde su clínica se transmite que si un niño asocia a su sueño el elemento externo de sus padres, entonces necesitará a los padres para volverse a dormir. "En la Asociación Americana de Pediatría hay estudios que nos dicen que hay niños inseguros, con déficits afectivos por culpa de esta situación", argumenta.
Sin embargo, otras voces cuestionan este enfoque. El pediatra Carlos González, autor de "Bésame mucho", afirma: "Eso del trastorno de las asociaciones al inicio del sueño no es más que inventar un problema para cada solución". Para él, "desde el inicio de los tiempos" los bebés se duermen en el pecho, en brazos o acunándolos. "Si prohibimos a los padres mecer, acunar, cantar, dar el pecho y hasta poner el chupete a los niños, claro, no duermen, ¡y ya hemos creado el problema!". La neuropediatra María José Mas Salguero añade: "Los niños muy pequeños prefieren por naturaleza dormir con sus padres y al cambiar esto generamos problemas donde no los había".
María José Garrido señala que en otras sociedades, como algunas tradicionales de África, ni siquiera existe una palabra para el insomnio "porque saben que los despertares son completamente normales, incluso entre adultos".
En este contexto de expectativas culturales que chocan con la biología, surge lo que algunos denominan el "negocio del sueño infantil". La bióloga María Berrozpe, autora de "La ciencia del sueño infantil", señala que "se han subido, desgraciada y bochornosamente, algunos profesionales de la salud e investigadores científicos". Las antropólogas Tomori y Ball coinciden en que "sí, el sueño infantil se ha convertido en un gran negocio". Para ellas, muchos expertos "se benefician de la brecha entre las expectativas culturales y las realidades biológicas".
Un ejemplo citado a menudo es el método del doctor Estivill, presentado en 1996 como una adaptación del método Ferber. Estivill defiende que, gracias a los descubrimientos en cronobiología y a pedagogos conductuales, se llegó a la conclusión de que "podíamos ayudar a millones de niños en el mundo que duermen mal". Sin embargo, aclara: "Ni nosotros ni nadie del mundo científico ha declarado nunca que las normas para enseñar a dormir se han de aplicar a todos los niños". Considera que la polémica "solo existe en internet y solo es rentable para los que opinan lo contrario a las corrientes científicas actuales".
Sobre estos métodos, María José Garrido reflexiona: "El problema de estos métodos conductistas es que 'funcionan'. Los niños dejan de llamar a los padres, no de despertarse, porque aprenden que no van a acudir. Es algo realmente triste, pues implica que los niños dejan de pedir lo que necesitan al resignarse a que nadie responda cuando sienten miedo".
María Berrozpe añade que "encima te venden que su método, a pesar de que el niño llora, se lo aplicas por su bien. En resumen, finalmente, lo que quieren y consiguen es adiestrarte a ti para que seas capaz de obligar a tu hijo a hacer algo que él ni quiere ni necesita hacer".
Una evolución más reciente es la aparición de los coachs del sueño. Sobre ellos, Carlos González comenta: "En lo poco que exploran en sus webs hay contradicciones (...) Sobre todo, no comparto el objetivo. No entiendo por qué les parece que dormir al niño sin mecerlo ni darle el pecho ni hacerle compañía es una ventaja para los padres. Es como si alguien me propusiera un método para lograr que mi esposa vaya al cine sin mí".
Otra vía a la que se recurre es la medicación. En Estados Unidos, el consumo de suplementos de melatonina ha crecido notablemente. La Asociación Española de Pediatría reconoce su eficacia como agente cronobiológico, pero apunta que los datos sobre efectos secundarios a medio y largo plazo en niños son escasos. Recomienda su uso solo en casos específicos y bajo supervisión médica, desaconsejándolo en bebés menores de seis meses y limitando su uso a cuatro semanas en niños de 6 a 12 meses.
Para María José Garrido, el uso de estos productos "es una muestra más de la medicalización de los procesos vitales en nuestra cultura", caracterizada por "un alto grado de control e intervencionismo que no respeta el desarrollo natural de procesos naturales del ciclo vital".
Carlos González se refiere a otros productos "naturales": "A ver, o es verdad que esa sustancia hace dormir a los niños, o es mentira. Si es mentira, ¿para qué dársela? Y si es verdad, pues se trata de un somnífero, tan somnífero como una pastilla comprada en la farmacia".
Para María Berrozpe, la existencia de este mercado responde a la demanda de padres agotados que buscan soluciones inmediatas. "Todos necesitamos dormir y no dormir bien es una de las peores torturas, así que si te venden la moto de que el niño tiene que dormir solo y después te aseguran que está científicamente demostrado que es bueno que le dejes llorar o le mediques y, encima, que todo lo haces por su bien, consiguen que silencies tus propias emociones y sentimientos (esos que te gritan que le estás haciendo daño a tu hijo) y compres lo único que te permite dormir bien a ti en estas circunstancias".
© SomosTV LLC-NC / Photo: © Atlantic Ambience

















































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































Comentarios