Cómo inculcarles el orden en casa en su edad preescolar sin gritos ni castigos
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Cuando los padres de niños pequeños miran a su alrededor al final del día, lo que ven suele ser un campo de batalla. Cojines en el suelo, juguetes esparcidos por cada rincón, pinturas de dedos secándose en la mesa del comedor y una sensación de fracaso flotando en el aire. No es culpa de nadie, o al menos eso es lo que repiten los expertos una y otra vez. La cuestión no es si los niños en edad preescolar pueden aprender a ordenar, sino cómo hacerlo de manera que no termine en una lucha de poder diaria.
La ventana de oportunidad que nadie aprovecha
Hay un dato que pocos padres conocen y que, sin embargo, cambia por completo la perspectiva sobre la educación en el orden. Entre el primer año de vida y los cuatro, los niños atraviesan lo que los especialistas denominan "período sensible del orden". Durante esta etapa, la naturaleza les dota de una sensibilidad especial hacia el orden exterior, que necesitan para ir estructurando su mente. Aprenden de manera natural, espontánea, sin esfuerzo, disfrutando de ello. Es, según los pedagogos, una gran oportunidad que la mayoría de las familias desperdicia sin saberlo.
A partir de los dos o tres años, los pequeños ya tienen cierta autonomía y comienzan a comprender las razones por las cuales se les piden las cosas. Es entonces cuando se puede empezar a trabajar . Nunca es tarde para comenzar, eso también es cierto, pero cuanto más se espera, más voluntad y esfuerzo se necesitarán para obtener el hábito.
El espejo en el que se miran
El primer paso, y quizás el más incómodo de asumir, es el ejemplo. Los niños aprenden observando a los adultos que los rodean. Si ven que tú mantienes el orden y la limpieza, es más probable que sigan tu ejemplo. Pero si eres desordenado, dejas para mañana tus tareas o protestas cada vez que tienes que hacer algo, los niños imitarán esa conducta y se volverán perezosos.
Hay una anécdota que circula entre los educadores que siguen el método Montessori: una madre preguntó a su hijo qué podía hacer con su mochila al llegar del colegio. El niño contestó que debía recogerla. Pero luego añadió: "Mami, ¿y qué puedes hacer tú con tu bolso?". La madre se quedó impactada al reparar en la falta de coherencia entre lo que pedía y lo que daba . La lección es simple: de poco servirá exigir que se recoja si continuamente ven falta de orden a su alrededor.
Háblales en concreto, no en general
Uno de los errores más comunes es dar órdenes genéricas como "recoge tu cuarto" u "ordena tu ropa". Para un niño de cuatro años, esas frases pueden ser tan claras como el agua sucia. Muchas veces los pequeños no saben qué es lo que se les está pidiendo ni cómo tienen que hacerlo. Para ellos, ordenar la ropa puede significar dejarla toda junta en un rincón.
La solución es tan sencilla como incómoda: hay que ser específico. Frases como "ahora doblamos la camiseta de esta forma y la guardamos en el cajón" o "vamos a colocar todos los cuentos en la estantería" son mucho más eficaces. Los niños necesitan instrucciones claras, paso a paso, para poder ejecutarlas.
Organizar el espacio para que puedan organizarse
Otra realidad que los padres suelen pasar por alto es que los niños no pueden ser ordenados si no tienen los medios para serlo. Si no alcanzan el estante donde están los cuentos, difícilmente podrán devolverlos a su lugar. Si no tienen un gancho a su altura para colgar la chaqueta al entrar en casa, terminarán tirándola al suelo una y otra vez. No es pereza, es falta de accesibilidad.
Definir juntos un lugar para cada cosa les ayuda a saber dónde localizar algo y poder devolverlo a su sitio. Para facilitar la tarea, se pueden poner letreros o dibujos que identifiquen el contenido de cada cajón o estante . El método Montessori insiste en que el orden debe ser lógico y práctico: si un niño usa un puzzle cada día, ese puzzle debe estar a su alcance, no en el estante más alto del armario.
También es importante evitar los excesos. Tanto en el caso de los adultos como en el de los niños, cada vez se tienen más cosas y resulta más difícil ordenarlas. Guardar o donar lo que sea aprovechable, reparar lo que está roto y tirar lo que ya no sirve es un primer paso esencial. Solo con eso, la casa se deshará de una gran cantidad de energía estancada. Y cuando hay diez puzzles amontonados, lo que ocurre es que resulta muy difícil sacar uno sin que los otros se caigan, y casi imposible devolverlo a su lugar original. La solución es rotar los juguetes: tener unos cuantos visibles y accesibles, y guardar el resto para intercambiarlos semanas después.
Convertir el orden en un juego
Para los niños, el juego es el gran método de aprendizaje. Es la manera que tienen de descubrir el mundo. Así que, ¿qué mejor forma de enseñarles a ordenar que convirtiendo la recogida en un juego?
Se pueden usar canciones, paneles visuales, cronómetros para ver quién recoge más rápido, o simplemente preguntarles qué forma divertida se les ocurre para devolver todo a su lugar. La actitud de los padres es determinante: si se aborda la tarea con enfado o como un castigo, el niño la vivirá igual. Si, por el contrario, se hace con sentido del humor y complicidad, la recogida puede convertirse en un momento más del día, sin tensiones.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan permitir que los niños en edad preescolar ayuden con tareas sencillas, y ser claros y constantes al disciplinar, explicándoles y mostrándoles el comportamiento que se espera de ellos. Siempre que se les dice que no, hay que seguir con lo que deberían estar haciendo en su lugar.
Las tareas que pueden hacer según su edad
No se puede pedir a un niño de tres años que friegue el baño, pero sí hay muchas cosas que están a su alcance. Según la Academia Americana de Pediatría, los niños de 5 a 7 años pueden tender sus propias camas, poner y levantar la mesa, guardar los juguetes, ordenar las estanterías, poner la ropa sucia en un cesto, llenar el plato de comida de las mascotas, barrer pisos, regar las flores y lavar platos de plástico en el fregadero.
Para los niños de 3 y 4 años, se puede empezar con tareas más básicas: guardar los juguetes después de jugar, ayudar a clasificar la ropa (separar calcetines, por ejemplo), regar plantas con una botella pequeña, limpiar el polvo de superficies bajas con un paño, y ayudar a poner la mesa colocando elementos no peligrosos como servilletas o posavasos.
Antes de pedirle a un niño que ayude con una tarea, es importante explicarle cómo se hace. De esta manera se evita que el pequeño se sienta frustrado por no saber cómo hacer lo que se le pide . Y hay que armarse de paciencia: por muy bien que el niño haga la cama o guarde los juguetes, es probable que no lo haga tan bien como un adulto. No hay que reñirle por ello. En su lugar, se puede enseñarle a perfeccionar la tarea después de haber reconocido su esfuerzo.
Elogios, no recompensas materiales
Una de las herramientas más efectivas y menos utilizadas es el elogio honesto. Puede ser la forma más eficaz de motivar a un hijo y garantizar su éxito. Cuando un niño completa una tarea habitual, hay que felicitarle por su esfuerzo. Iniciar tareas por su cuenta sin un recordatorio, completar una tarea especial o hacer un trabajo inusualmente bueno merece un reconocimiento .
El refuerzo positivo tiene un impacto espectacular sobre los niños. Recordarles lo bien que están haciendo las tareas del hogar les motiva a seguir haciéndolas . Pero hay que ser específico: frases como "veo que los juguetes están en su sitio", "te has esforzado y ha quedado todo recogido" o "gracias por tu ayuda" funcionan mejor que un genérico "muy bien".
Las recompensas tangibles, como las mensualidades o las calcomanías vinculadas a tareas completadas, también pueden ser útiles. Pero los expertos advierten que el elogio verbal y el reconocimiento del esfuerzo son más efectivos a largo plazo que las recompensas materiales .
La rutina como aliada
Los niños responden bien a la repetición y la consistencia. Establecer un horario fijo para que realicen sus tareas ayuda a que las incorporen como un hábito en su vida diaria . Por ejemplo, después de jugar, antes de cenar o justo antes del baño. Las rutinas de otras actividades (comidas, tareas escolares, juego y hora de acostarse) también les enseñan a organizarse y a desarrollar responsabilidad .
Animarles a hacer las tareas domésticas a la misma hora todos los días crea una estructura que el cerebro infantil agradece. Si cada día al llegar del colegio el niño coloca los zapatos en el zapatero de la entrada, juega y luego recoge, al final serán acciones que terminará por encadenar casi de manera automática .
Cuando no funciona: consecuencias lógicas, no castigos
Llegará el momento, por supuesto, en que el niño decida no completar sus tareas. En ese caso, hay que considerar consecuencias lógicas, no castigos arbitrarios. Por ejemplo, revocar ciertos privilegios o actividades especiales. Pero molestar o regañar a un niño no es un método eficaz para lograr que acepte más responsabilidades. Recompensar los éxitos y brindar ánimo siempre es mucho más efectivo. Y hay que recordar que los dispositivos electrónicos y el tiempo frente a la pantalla son privilegios, no derechos .
Si el niño continúa haciendo caso omiso de sus responsabilidades, una buena estrategia es sentarse semanalmente durante unos minutos a repartir las tareas de forma clara y consensuada. Los gráficos estelares o las listas de tareas en la nevera o en su habitación deben mostrar claramente cuáles son las expectativas. Con un niño que no ha asumido responsabilidades antes, lo mejor es introducir una nueva tarea cada vez; una lista larga puede resultar abrumadora.
La paciencia, el recurso más escaso
Adquirir la habilidad del orden requiere tiempo. Hay que tener mucha paciencia y flexibilidad, ajustar las expectativas y tener en cuenta las capacidades de cada niño. Confiar en ellos, llegar a acuerdos, implicarles en la toma de decisiones y darles responsabilidades desde pequeños es una inversión que dará frutos en el futuro.
Y es normal que haya días con caos, con cosas amontonadas, platos en el fregadero y montones de ropa por lavar. Nadie tiene que llegar a todo. Organizar las prioridades y no perder el equilibrio por tener una casa impoluta es más sano para todos . Hacer reuniones familiares y buscar soluciones tantas veces como haga falta, recordando que la familia es un equipo, ayuda a que el orden sea un proyecto compartido y no una imposición .
El objetivo final, después de todo, no es tener una casa de revista. Es que los niños aprendan una habilidad para la vida: responsabilidad, autonomía y la capacidad de contribuir al bienestar común. El tiempo invertido hoy en enseñarles a guardar sus juguetes tendrá sus frutos cuando, dentro de unos años, sean capaces de organizar su habitación, sus tareas escolares y, más adelante, su vida adulta sin necesidad de que nadie se lo recuerde a gritos.
© SomosTV LLC-NC / Photo: © Skill Point Therapy




































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































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