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Consejos para volar con un niño/a en edad preescolar

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En USA Today, Trisha Easto lo tiene claro. Lleva cinco años escuchando el mismo mantra: que viajar con niños es una locura, que no merece la pena, que para qué te vas a meter en ese jardín. Y lleva cinco años demostrando que todo eso es falso. Su hijo, que ahora tiene cinco años, ha acumulado ya 16 vuelos, incluyendo trayectos internacionales, y ella asegura que siempre reciben cumplidos por su comportamiento a bordo.

"No es imposible", dice Easto. "Pero sí requiere un poco de reflexión cuando estás planificando". Y no se refiere a preparar bolsitas de regalo para los pasajeros con tapones y chuches, sino a encontrar soluciones reales que hagan el trayecto más llevadero. Desde el carrito más compacto que ha usado nunca hasta trucos para combatir los cambios de presión y evitar el llanto en pleno vuelo.

La mochila que les hace sentir mayores

Uno de los primeros aprendizajes de Easto tiene que ver con el equipaje. Los niños necesitan extras. Cuando son bebés, la lista es interminable: mudas, pañales, pijamas. Pero a medida que crecen, la cosa cambia. "Para mí es imprescindible que tengan su propio bolso como artículo personal", explica. Su hijo, con cinco años, ya es capaz de cargar con su propia mochila, donde guarda su entretenimiento, sus tentempiés e incluso un recambio de ropa.

Eso sí, hay un factor emocional que no hay que subestimar. "Mi hijo ya me pide su propia maleta de dibujos animados cada vez que sabe que vamos a viajar", cuenta. "Les hace sentirse parte del proceso. Y ¿a quién no le hace ilusión ver a un niño pequeño cruzando el aeropuerto con su maleta de Rayo McQueen?".

El carrito que se pliega y la mochila que no es mochila

Llegar al aeropuerto con dos horas de antelación suena bien sobre el papel. Pero cualquiera que haya viajado con niños sabe que los horarios y los niños no siempre se llevan bien. Lo último que necesitas si vas justo de tiempo es un pequeño que va frenando, parándose cada dos metros o, peor aún, saliendo corriendo. Por eso Easto recomienda un carrito plegable que se pueda facturar en la misma puerta de embarque. Algo pequeño y ligero que también sirva en destino para esas piernas que se cansan cuando toca.

Otra de las grandes batallas del viajero con niños es la silla de auto. Da igual que la uses en el avión o que la lleves para el coche de alquiler en destino: transportarla es un incordio. La solución, según su experiencia, pasa por una funda que la convierta en mochila. "Te hace la vida cien veces más fácil", asegura.

Eso sí, advierte de que no todos los sitios son compatibles con los carritos. El Paseo del Río de San Antonio, en Texas, es tan estrecho que un mal movimiento puede acabar con toda la familia en el agua. En destinos internacionales como Japón, aunque algunas estaciones de tren grandes ofrecen alquileres, hay lugares como el Fushimi Inari, con sus senderos entre torii rojos, donde lo mejor es dejar el carrito en casa y optar por una mochila de porteo infantil.

Lo de la comida en el aeropuerto

" A nadie le gustan los precios del aeropuerto, a nadie", sentencia Easto. Pagas por la conveniencia, pero si te importa lo que comen tus hijos, los azúcares, los colorantes o las alergias, esa tienda de duty free no es tu aliada. Su consejo es llenar un recipiente de snacks en casa. Sí, pasan sin problema por seguridad.

Lo mismo con la bebida. Un termo o vaso reutilizable para niños, vacío al pasar el control, y ya lo llenas dentro con zumo o agua. Así evitas las paradas cada diez minutos con el consabido "mamá, tengo sed".

También en destino.

La tablet, los auriculares y el as bajo la manga

Hoy en día, la mayoría de las aerolíneas cobran por el wifi y por cada dispositivo. Así que sí, ellos llevan siempre una tablet (las normas sobre pantallas en casa se suspenden durante el viaje), pero hay que tener un plan B. Easto confiesa su preferencia por la Samsung Galaxy porque, dice, su modo infantil es mucho más amigable que el de cualquier otra tableta diseñada específicamente para niños.

Los auriculares, imprescindibles. Ella recomienda los iClever: baratos, con opción de cable y con una batería que, jura, "dura para siempre". Y un apunte: "No quieres subir al avión y darte cuenta de que no cargaste la tablet o los cascos". Por eso sugiere llevar siempre un cargador portátil.

Pero si hay un consejo que le ha funcionado de verdad es el de los juguetes nuevos. "Pequeños y NUEVOS. Nuevo es la clave, porque aporta novedad". No hace falta gastarse mucho. Sus favoritos son un set de plastilina pequeño (relativamente limpio), unos imanes tipo magnetic tiles pensados para viaje y, por supuesto, alguna libreta para dibujar.

El truco del pirulí

Y por último, lo que ella considera el mejor consejo. El que salva oídos y el silencio en la cabina. "Nadie quiere un niño llorando en un vuelo, ni siquiera los padres, pero nos pasa a los mejores". El truco es sencillo: una piruleta. El movimiento de succión ayuda con el cambio de presión en el despegue y el aterrizaje. Para bebés vale un biberón o un chupete; para los más mayorcitos, chicle. "Yo siempre llevo unas cuantas. ¿Y qué niño no se alegra con un caramelo?".

Eso sí, con una advertencia final: "Ponlos en su mochila con antelación. Lo he olvidado alguna vez y pensarías que con la cantidad de tiendas de golosinas que hay en los aeropuertos podrías encontrar una piruleta. Pues no. Te aseguro que no es así".

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Live and Let's Fly

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