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Cuando la crianza consciente se topa con la realidad

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La presión por hacerlo bien, por no repetir patrones del pasado y por criar niños emocionalmente inteligentes ha convertido la paternidad en una suerte de ejercicio de alta competición silenciosa. Entre podcasts, libros y consejos de familiares, la información se ha convertido en un torrente imparable que, para muchos padres, ha pasado de ser una ayuda a ser una fuente de agobio. La propia psicóloga y educadora parental Vanessa Lapointe lo resume con una imagen contundente: «Creo que la industria de la crianza ha empujado a los padres a un terreno complicado porque están al final de una manguera de incendios de información».

En medio de este diluvio de datos, el llamado «gentle parenting» o crianza respetuosa se erigió durante años como el modelo a seguir. Sin embargo, un número creciente de familias está empezando a cuestionar su aplicación práctica. Lejos de ser un camino más amable para los niños, para muchos padres se ha traducido en un desgaste emocional enorme. Un estudio citado recientemente señala que más de un tercio de los padres que siguen este estilo reportan síntomas de agotamiento. La dificultad para establecer límites firmes sin caer en la permisividad es una de las críticas más recurrentes.

«Para algunos padres, se volvió realmente complicado descubrir cómo ser amables y, al mismo tiempo, mantener la firmeza cuando era necesario», explica la Dra. Lapointe. «El problema es que muchos no están haciendo una crianza respetuosa de verdad; están haciendo una crianza permisiva».

Ante este escenario, emerge una tendencia menos definida pero quizá más realista: la crianza híbrida. Lejos de adherirse a una etiqueta única, los padres, especialmente los de la generación Z, están optando por mezclar enfoques. Nicole Shabada, madre de dos niñas, lo expresa con claridad: «Dejar de lado las reglas rígidas se siente liberador. Aleja la crianza de ser una actuación y la vuelve hacia la relación, que es de lo que realmente se trata».

Este nuevo enfoque se aleja de los manuales y apuesta por la intuición. La premisa es simple: cada niño es un individuo y cada momento requiere una respuesta distinta. «Necesitamos ser intuitivos y responder al niño real que tenemos delante, no al que está escrito en un libro», añade la Dra. Lapointe. Así, un mismo padre puede emplear la escucha activa y la validación emocional (características de la crianza respetuosa) con un hijo, mientras que con otro, en un contexto diferente, puede permitir que experimente las consecuencias naturales de sus actos, el conocido como estilo «FAFO».

Lo que subyace a esta búsqueda de un estilo propio es la voluntad de romper con dinámicas familiares del pasado. Según algunas estimaciones, el 37% de los padres jóvenes sitúa la «ruptura del ciclo» como el eje central de su forma de criar. Se trata de un esfuerzo consciente por no repetir aquellos aspectos problemáticos, como los castigos severos o el menosprecio de las ideas de los niños, que ellos mismos pudieron haber sufrido. En definitiva, se trata de abandonar la rigidez de un marco teórico para recuperar la confianza en el propio criterio, admitiendo que no existe un solo camino válido para criar.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © The Fathering Project

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