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Vacaciones de primavera o verano: Key West en familia

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Hay lugares que uno imagina como destinos para adultos antes que para niños. Key West, también conocido como Cayo Hueso, es uno de ellos. La fama de Duval Street, los bares donde Hemingway bebía daiquiris, el ambiente de "todo vale" que flota en el aire. Pero luego uno llega con los niños y descubre que la isla, en realidad, funciona como un parque de diversiones diseñado por alguien con un sentido del humor retorcido. Hay un fuerte con cañones apuntando al mar, un invernadero lleno de mariposas que se posan en las narices, un muñeco de trapo que según dicen lanza maldiciones si no se le pide permiso para sacarle foto, y todas las noches un grupo de artistas callejeros que incluye a un hombre cuyos gatos saltan a través de aros de fuego. Los niños no saben que están aprendiendo historia, biología y algo de mitología local. Simplemente lo viven.

El primer día, lo mejor es hacerse una idea del territorio sin cansar las piernas. El Conch Tour Train es una tradición que lleva décadas funcionando: un tren al aire libre que recorre el casco antiguo con un guía que habla como si llevara cuatro cafés cubanos encima. El recorrido pasa por los lugares clave: la casa de Hemingway, el faro, la bahía. Los niños ven el tren y ya están contentos. Los adultos agradecen la sombra y la oportunidad de sentarse. Hay otra opción, el Old Town Trolley, que permite subir y bajar en varias paradas, pero para el primer contacto, el tren funciona mejor: es más directo, más compacto, y no obliga a tomar decisiones sobre dónde bajarse antes de saber qué hay en cada parada.

La parada obligada, aunque sea solo para la foto, es el Southernmost Point Buoy, ese gran flotador rojo y negro que marca el punto más al sur de los Estados Unidos continentales. Hay cola casi siempre, así que conviene ir temprano por la mañana. Los niños se impacientan si hace calor y hay que esperar. Pero la foto es de esas que quedan en el álbum familiar, la que años después alguien dice "¿se acuerdan cuando fuimos a Key West?" y todos señalan el mismo poste.

Después de la foto, hay que decidir hacia dónde ir. Si los niños son pequeños, el Key West Butterfly and Nature Conservatory es una apuesta segura. Es un invernadero con cúpula de cristal donde vuelan libres más de cincuenta especies de mariposas. Los niños se quedan quietos, cosa que no hacen nunca, esperando que una se pose en su hombro o en su mano. Hay dos flamencos rosas que caminan con esa elegancia que tienen los flamencos, como si fueran los dueños del lugar. El espacio es pequeño, se recorre sin prisa, pero la sensación es la de haber entrado en un cuento. Es cálido y húmedo dentro, así que conviene llevar ropa ligera.

Para los que prefieren el agua sin mojarse, el Key West Aquarium es otra opción. Es pequeño, algo antiguo, pero tiene una pecera táctil donde los niños pueden tocar estrellas de mar y cangrejos herradura. Las demostraciones de alimentación de tiburones ocurren varias veces al día y siempre convocan a un público que se aprieta contra el cristal para ver cómo los animales se lanzan sobre la comida. No es SeaWorld, no intenta serlo, y esa falta de pretensión es parte de su encanto.

Si la idea es combinar historia con playa, Fort Zachary Taylor Historic State Park es el lugar. Es un fuerte de la Guerra Civil con los cañones todavía en su sitio, como si esperaran que el enemigo volviera. Los niños pueden recorrer las murallas, esconderse en los pasadizos, imaginar batallas. Y luego, al lado, está la mejor playa de Key West. El agua es clara, hay peces que se acercan a la orilla, y los que llevan máscara de snorkel pueden verlos de cerca. Hay mesas de picnic bajo los árboles, lo que permite llevar comida y quedarse varias horas sin tener que salir a buscar restaurante. Es de los pocos lugares donde se paga, pero vale la pena.

Otra opción más céntrica es Higgs Beach, que tiene un parque infantil justo al lado del arenal, mesas de picnic y un paseo marítimo para caminar. El agua es más tranquila que en Fort Zachary, lo que la hace adecuada para niños muy pequeños. También hay un centro de vida silvestre gratuito cerca donde se pueden ver aves rescatadas.

Para los días de calor intenso, o cuando la lluvia hace su aparición, los museos cubiertos son el plan de respaldo. El Key West Shipwreck Museum cuenta la historia de los buscadores de tesoros que se dedicaban a saquear los barcos que naufragaban en los arrecifes. Tiene actores que recrean escenas, objetos recuperados del fondo del mar y una torre de observación que se sube por escalera. Desde arriba se ve toda la isla. Los niños mayores lo disfrutan; los más pequeños quizá se impacientan con las explicaciones. El Mel Fisher Maritime Museum, por su parte, exhibe los restos de galeones españoles hundidos en el siglo XVII, con lingotes de oro y monedas que a cualquier niño le gustaría encontrar en la playa.

Luego está el asunto de Robert the Doll. Es un muñeco de trapo que vivió en el siglo XIX, perteneció a un niño llamado Robert Eugene Otto, y según la leyenda, está maldito. Hoy descansa en el Fort East Martello Museum, dentro de una vitrina de cristal, y los visitantes que quieren sacarle foto deben pedir permiso en voz alta. Los que no lo hacen, cuentan, tienen mala suerte después. A los niños les encanta esta historia. Salen del museo repitiendo la leyenda, mirando de reojo al muñeco, con esa mezcla de miedo y fascinación que solo producen las cosas que están al borde de lo inexplicable. Es una parada breve, pero memorable.

Para los que tienen más días y ganas de aventura, Dry Tortugas National Park es una excursión que merece la pena. Está a cierta distancia al oeste de Key West, solo se llega en ferry o hidroavión, y hay que reservar con antelación. Una vez allí, los visitantes encuentran el fuerte Jefferson, una mole de ladrillo rojo en medio del océano, y aguas tan transparentes que se puede ver el fondo a varios metros de profundidad. Es un día completo, desde la mañana hasta el atardecer, y requiere organización, pero los niños salen de allí hablando de piratas y de peces de colores como si hubieran vivido una película.

En la ciudad, una de las actividades que más sorprende es la Sunset Celebration en Mallory Square. Ocurre todas las noches, aproximadamente una hora antes de que el sol se ponga. La plaza se llena de malabaristas, tragafuegos, equilibristas, músicos y vendedores de comida callejera. Entre todos ellos, hay un hombre que entrena a sus gatos para que salten a través de aros de fuego.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Beach Ride Rental

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