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La astenia primaveral también afecta a los más pequeños

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La primavera se acerca oficialmente en el calendario. Los días se alargan, las temperaturas comienzan a subir y los árboles se llenan de flores. Para muchos, esta estación trae consigo una sensación de renovación y energía. Pero no para todos. Hay quienes, en lugar de sentir ese despertar, experimentan justo lo contrario: cansancio, apatía, dificultad para concentrarse. Es lo que se conoce como astenia primaveral.

Este trastorno adaptativo, que suele durar entre una y dos semanas mientras el organismo se ajusta a los cambios de temperatura y al aumento de las horas de luz, afecta a un porcentaje variable de la población adulta. Pero lo que muchos padres no saben es que los niños en edad preescolar también pueden sufrirlo. Y en ellos, los síntomas se manifiestan de manera diferente.

La astenia primaveral no es una enfermedad en sentido estricto, sino una respuesta del organismo a los cambios ambientales que acompañan a la nueva estación. El aumento de las horas de luz modifica los niveles de melatonina, la hormona que regula el sueño. El termómetro, que empieza a marcar temperaturas más altas, obliga al cuerpo a realizar un esfuerzo adicional de adaptación. Las alergias, que también hacen su aparición en estas fechas, pueden contribuir a empeorar el cuadro.

En los niños de entre tres y cinco años, los síntomas no siempre son fáciles de identificar. A diferencia de los adultos, que pueden verbalizar que se sienten cansados o sin energía, los preescolares expresan su malestar de otras formas. Pueden volverse más irritables de lo habitual, tener cambios bruscos de humor o mostrarse apáticos ante actividades que normalmente les entusiasman.

Algunos padres observan que sus hijos, que hasta hace unas semanas dormían bien, comienzan a despertarse varias veces durante la noche o les cuesta más conciliar el sueño. Otros notan que han perdido el apetito o que se quejan de dolores de cabeza o de barriga sin causa aparente. También es frecuente que aparezca cierta desgana para jugar o relacionarse con otros niños.

Los pediatras explican que estos síntomas suelen ser pasajeros y que, en la mayoría de los casos, no requieren tratamiento médico. El cuerpo del niño, igual que el del adulto, necesita un tiempo para ajustarse a las nuevas condiciones. El problema es que, en los más pequeños, ese proceso puede resultar más molesto porque aún no han desarrollado del todo los mecanismos de regulación interna.

Para ayudar a los niños a atravesar este periodo, los especialistas recomiendan una serie de medidas sencillas. Mantener una rutina estable es fundamental. Los niños en edad preescolar necesitan horarios regulares para comer y dormir, y la llegada de la primavera no debería alterarlos más de lo imprescindible. Conviene, eso sí, adelantar ligeramente la hora de acostarse si se observa que el niño está más cansado de lo normal.

La alimentación también juega un papel importante. En estas fechas, apetecen más las comidas ligeras y frescas. Frutas y verduras de temporada, ricas en vitaminas y minerales, pueden ayudar al organismo a realizar ese esfuerzo de adaptación. Es preferible evitar los alimentos demasiado pesados o procesados, que exigen un mayor trabajo digestivo y pueden aumentar la sensación de cansancio.

El contacto con la naturaleza es otro de los aliados contra la astenia primaveral. Aunque el niño esté más apático, conviene animarle a pasar tiempo al aire libre. La luz natural ayuda a regular los ritmos circadianos y la actividad física moderada contribuye a combatir la sensación de fatiga. Un paseo por el parque, un rato de juegos en el jardín o simplemente estar al sol unos minutos pueden marcar la diferencia.

Eso sí, los expertos advierten que no hay que confundir la astenia primaveral con otros problemas. Si los síntomas se prolongan más allá de dos o tres semanas, si el niño presenta fiebre, si pierde peso de manera significativa o si su irritabilidad es tan intensa que interfiere de forma grave en su vida cotidiana, conviene consultar al pediatra. Podría tratarse de algo más que una simple reacción al cambio de estación.

También hay que prestar atención a las alergias, muy frecuentes en esta época del año. La rinitis alérgica, con sus estornudos, picor de ojos y congestión nasal, puede provocar un cansancio adicional que se suma al de la astenia. En estos casos, el tratamiento específico de la alergia suele mejorar también el cuadro de fatiga.

Lo cierto es que, para la mayoría de los niños, la astenia primaveral no pasa de ser una molestia pasajera. En cuestión de días, el organismo completa su adaptación y vuelve la energía. Mientras tanto, los padres pueden ayudar a sus hijos con paciencia, con rutinas claras y con una actitud tranquila. Porque, al final, la primavera también acaba por imponerse. Y con ella, las ganas de jugar, de correr y de disfrutar de los días más largos.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © PXHere

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