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Dos tipos desconocidos de células madre en el esqueleto podrían explicar la estatura de los niños

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La altura que alcanza un niño al final de su crecimiento no es solo cuestión de genes, alimentación o suerte. También depende de lo que ocurre dentro de un pequeño cartílago situado en los extremos de los huesos largos, una estructura llamada placa de crecimiento. Y ahora, un equipo de la Universidad de Gotemburgo ha descubierto que allí conviven dos tipos de células madre hasta ahora desconocidas que desempeñan un papel central en ese proceso.

Los investigadores, que publicaron sus hallazgos en la revista "Science Translational Medicine", lograron cartografiar la organización molecular de la placa de crecimiento durante la pubertad. Esa cartografía les permitió identificar dos poblaciones distintas de células madre que contribuyen al crecimiento longitudinal de los huesos. Una de ellas, según observaron, es una célula quiescente, es decir, que permanece en un estado de latencia o reserva. La otra es más activa y da lugar a nuevas células de cartílago que, con el tiempo, se convertirán en hueso.

Los experimentos realizados en ratones mostraron que las células madre quiescentes tienen la capacidad de renovarse a sí mismas y de generar células especializadas en el esqueleto. En conjunto, los hallazgos apuntan a que la interacción entre las células quiescentes y las activas es fundamental para el crecimiento en estatura.

Pero el estudio no se detuvo en la identificación. Los investigadores también analizaron tejidos humanos y comprobaron que la hormona del crecimiento actúa directamente sobre estas células madre. No de forma indirecta, como a veces se sospechaba, sino de manera directa.

Nelson TL Chu, investigador de la Universidad de Gotemburgo y uno de los autores principales del estudio, explicó el alcance de este hallazgo.

"Nuestros resultados muestran que la hormona del crecimiento actúa directamente sobre las células madre que son centrales para el crecimiento en estatura", afirmó. Y añadió: "Esto puede ayudarnos a desarrollar estrategias de tratamiento más efectivas para niños con talla baja. Con el tiempo, también podría ayudar a identificar qué niños tienen más probabilidades de beneficiarse del tratamiento y apoyar el desarrollo de terapias más dirigidas".

El profesor Andrei Chagin, autor principal del estudio, puso el descubrimiento en perspectiva histórica. "Este trabajo se inspiró en un descubrimiento fundamental realizado en la Universidad de Gotemburgo hace más de 40 años, que demostraba que la hormona del crecimiento podía estimular directamente el crecimiento en ratas", recordó. "Estamos orgullosos de extender este hallazgo a la fisiología humana".

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron tejido de niños durante la pubertad. En el laboratorio, examinaron células individuales y observaron cómo respondían a la hormona del crecimiento.

Los resultados mostraron que la hormona activa múltiples vías de señalización en estas células y aumenta su proliferación, al tiempo que reduce la actividad de otras.

El estudio abre una vía para entender mejor diversas anomalías del crecimiento. Y, sobre todo, sugiere que los tratamientos actuales para los trastornos del crecimiento podrían perfeccionarse si se tiene en cuenta esta doble población celular. No todos los niños son iguales, y ahora se sabe que tampoco todas sus células madre lo son.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Arodmur

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