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Los niños notan diferencias en disciplina y afecto del padre respecto de hermanos

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Quien haya sentido alguna vez que sus padres trataban a sus hermanos de forma diferente a como le trataban a él puede que no le faltara razón. De hecho, es muy probable que la tuviera. Según investigadores de la Universidad Estatal de Arizona, las diferencias en la forma en que los padres tratan a sus hijos son más comunes de lo que muchos creen. Pero, y esto es importante, antes de culpar enteramente a los progenitores, hay un matiz que añade complejidad a la historia: los niños también pueden desempeñar un papel activo en la configuración de ese trato. No son meras víctimas pasivas del favoritismo parental.

Kathryn Lemery-Chalfant, profesora del Departamento de Psicología de la ASU, y su equipo analizaron datos del Wisconsin Twin Project, un extenso estudio longitudinal de 30 años que ella co-dirigía. Tomaron información de 632 pares de gemelos, desde la infancia hasta el inicio de la edad adulta, y de sus padres. 

Examinaron cómo trataban los padres a cada hijo, cómo percibían los hijos ese favoritismo y, sobre todo, cómo esas diferencias moldeaban el comportamiento y la salud mental de cada niño. El estudio, aceptado en la revista Development and Psychopathology, arroja luz sobre un tema tabú en muchas familias.

“Hay diferencias reales en la forma en que los padres tratan a sus diferentes hijos y, además, hay diferencias percibidas”, explica Lemery-Chalfant. “Los padres declaran cierta parcialidad y los niños declaran mucha más”. Y ambas, la real y la percibida, son importantes para la salud mental del menor. “Si sientes que tus padres quieren a tu hermano más que a ti, eso puede tener un gran impacto en tu desarrollo”, añade. 

Esto se debe a que estas diferencias activan el sistema de apego. La relación con los padres es fundamental para formar relaciones a lo largo de la vida. Sentirse menos querido que un hermano puede conducir a una baja autoestima, sentimientos de rechazo, ansiedad y depresión.

Uno de los hallazgos más significativos del estudio es que los niños son particularmente sensibles a las diferencias en la disciplina. “Las diferencias en la disciplina se relacionaron con todo tipo de problemas de salud mental en los niños. Además, las diferencias en el afecto del padre y la preferencia por un hijo sobre otro se asociaron con ansiedad y depresión”, detalla la investigadora. 

Sin embargo, el estudio también revela que los niños no son solo receptores pasivos. Los comportamientos de inatención y de actuación (actuar sin pensar) por parte de los niños provocaban, como respuesta, una crianza más intrusiva y hostil por parte de los padres. El niño, con su comportamiento difícil, podía estar generando el trato negativo que recibía.

“Es un hallazgo importante porque la sociedad puede culpar a los padres por los problemas de salud mental de los hijos y asumir que la crianza negativa causa el mal comportamiento del niño”, señala Lemery-Chalfant. “En cambio, las intervenciones pueden concienciar a los padres de que el comportamiento negativo del hijo puede conducir a una crianza de mala calidad”. 

La investigadora recomienda a los padres que, ante la necesidad de tratar a los hijos de forma distinta (por ejemplo, llevarse a uno de viaje y no al otro), se sienten con el niño que se queda atrás y se lo expliquen, asegurándole que tendrá su turno en el futuro. También aconseja evitar las comparaciones y las etiquetas como “el listo” o “el deportista”. “Sobre todo”, concluye, “los niños necesitan sentirse queridos. No hay sustituto para una buena comunicación”.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Intentional Divorce Solutions 

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