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Cómo un marcador nutricional cambia lo que sabemos sobre los niños en diálisis

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Cuando un niño llega a la unidad de hemodiálisis, lo primero que se evalúa no siempre es lo que se ve. Los riñones fallan, sí, pero el cuerpo entero entra en un equilibrio precario que los médicos aprenden a leer como quien interpreta un mapa incompleto. En los pacientes más pequeños, los menores de doce años, ese mapa tiene todavía muchas zonas en blanco. La nutrición es una de ellas.

Los niños sometidos a diálisis crónica constituyen una población especialmente frágil desde el punto de vista nutricional. El apetito disminuye. Los síntomas gastrointestinales se vuelven recurrentes. Las restricciones dietéticas, necesarias para no sobrecargar un organismo que ya no filtra correctamente, terminan convirtiendo cada comida en un desafío. Los padres observan cómo sus hijos comen menos, crecen más despacio, acumulan un retraso que a veces se mide en percentiles y otras veces en una preocupación silenciosa que no siempre encuentra palabras.

Hasta ahora, los nefrólogos pediátricos disponían de herramientas limitadas para evaluar el estado nutricional de estos niños. En adolescentes, existía un indicador fiable: la tasa catabólica proteica normalizada, conocida por sus siglas en inglés, NPCR. Este marcador permite estimar la ingesta diaria de proteínas a partir de muestras de sangre y orina. Pero nadie había demostrado que funcionara igual en niños pequeños.

Un equipo de expertos del Children's National Hospital, en Washington D.C., decidió comprobarlo.

La investigación, publicada en la revista Pediatric Nephrology bajo el título "Investigation of normalized protein catabolic rate as a marker of nutritional status in infants and children receiving chronic hemodialysis", analizó 758 observaciones correspondientes a 58 pacientes de entre cero y doce años sometidos a hemodiálisis. No era un estudio extenso en comparación con los que se hacen en adultos —la insuficiencia renal es mucho menos frecuente en la infancia—, pero sí era el más completo realizado hasta la fecha en este grupo de edad.

Lo que encontraron cambió la forma en que muchos especialistas entienden la monitorización nutricional en estos niños.

Los investigadores evaluaron el riesgo nutricional mediante un indicador compuesto que incluía bajo peso corporal, retraso del crecimiento, falta de apetito y alteraciones bioquímicas. Después cruzaron esos datos con los niveles de NPCR. La correlación fue clara: los pacientes con un NPCR inferior a 1,2 presentaban el doble de probabilidades de sufrir desnutrición o un estado nutricional comprometido.

Cuando desglosaron los resultados por edades, la asociación se volvió aún más pronunciada en los niños de cuatro a doce años. En ese grupo, un NPCR por debajo del umbral multiplicaba por cuatro el riesgo de malnutrición. En los más pequeños, los bebés y niños de hasta tres años, la relación resultó menos evidente. Los autores del estudio señalan que esta franja de edad requiere investigación adicional, en parte porque las necesidades nutricionales y los parámetros de crecimiento son más difíciles de estandarizar.

Kristen Sgambat, doctora en nutrición y una de las firmantes del estudio, explicó que hasta ahora los nefrólogos pediátricos carecían de un punto de corte claro para interpretar el NPCR en niños pequeños.

"Este estudio proporciona a los clínicos un umbral basado en evidencia para guiar las intervenciones nutricionales en pacientes pediátricos en hemodiálisis", señala la investigadora. La diferencia no es menor: disponer de un marcador fiable permite detectar el riesgo antes de que el deterioro sea visible en la báscula o en las gráficas de crecimiento.

La utilidad de esta herramienta trasciende el control rutinario. Los niños con enfermedad renal crónica que necesitan diálisis suelen ser candidatos a trasplante. El estado nutricional en el momento de la cirugía influye directamente en los resultados postoperatorios, la recuperación y la supervivencia del injerto. Un niño desnutrido tiene más complicaciones, más infecciones, más días de ingreso. Mejorar la evaluación nutricional durante la fase de diálisis no es, por tanto, un objetivo secundario: es una condición necesaria para que el trasplante tenga éxito.

El estudio del Children's National tiene además una particularidad metodológica que sus autores destacan con prudencia. Al tratarse de un análisis unicéntrico, el tamaño muestral sigue siendo limitado. La insuficiencia renal pediátrica es poco frecuente —afecta aproximadamente a uno de cada millón de niños—, lo que dificulta la realización de estudios amplios en un solo hospital. Pero los investigadores ya han puesto en marcha una colaboración con el Pediatric Nephrology Research Consortium para coordinar el primer estudio multicéntrico sobre NPCR en pacientes pediátricos en hemodiálisis.

Ese proyecto permitirá confirmar los hallazgos en una población más grande y, sobre todo, arrojar luz sobre la franja de edad donde la evidencia sigue siendo débil: los niños menores de tres años. En ellos, el crecimiento es más acelerado, las necesidades proteicas son distintas y la tolerancia a la diálisis presenta particularidades que aún no se comprenden del todo. Disponer de un marcador fiable en esa etapa permitiría ajustar las intervenciones en un momento crítico del desarrollo.

Celina Brunson, coautora del estudio y especialista en nefrología pediátrica, subraya que el valor de esta investigación no reside solo en los resultados obtenidos, sino en el hecho de haber podido realizarla.

"En enfermedades raras —explica—, cada avance requiere años de acumulación de datos, colaboración entre centros y mucha paciencia. Este estudio es la base sobre la que podremos construir investigaciones más amplias y definitivas".

El trabajo contó también con la participación de Anqing Zhang, especialista en análisis estadístico, y Nicole Salach, quien completó el equipo multidisciplinar. Todos ellos coinciden en algo: la medicina pediátrica no puede limitarse a extrapolar lo que funciona en adultos.

Los niños no son adultos pequeños. Sus cuerpos responden de otra manera, sus necesidades son distintas y los indicadores que funcionan en unos no siempre sirven en otros.

Establecer que un NPCR inferior a 1,2 señala riesgo nutricional en niños de cuatro a doce años en hemodiálisis es, en apariencia, un dato técnico. Pero para quienes atienden cada día a esos pacientes, es algo más: es la confirmación de que el mapa empieza a completarse. Y de que, por primera vez, pueden señalar un umbral y decir: aquí empieza el peligro, aquí hay que intervenir.

La investigación continúa. Mientras tanto, en las unidades de diálisis pediátrica, algunos médicos han empezado a mirar de otra manera los resultados del NPCR. Saben que, detrás de cada cifra, hay un niño que come menos de lo que necesita y un cuerpo que intenta crecer contra viento y marea.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Daniel Lobo

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