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La salud bucodental tiene connotaciones que los padres ignoran

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Para la mayoría de los padres, la rutina de higiene bucal de sus hijos gira en torno a la prevención de caries, la posibilidad de ortodoncia y los recordatorios constantes sobre el cepillado antes de dormir. La salud cardiovascular, en cambio, parece pertenecer a otro universo, un asunto gestionado en consultas especializadas, lejos del sillón del dentista. Sin embargo, para un grupo específico de niños, ambas esferas están intrínsecamente conectadas de una manera que puede tener consecuencias graves.

"Todo el mundo tiene bacterias viviendo en su boca", explica el doctor Nicholas Dreger, cardiólogo pediátrico del Loma Linda University Children’s Hospital. "Eso es normal. El problema está en lo que sucede cuando esas bacterias crecen sin control". La clave de esta conexión reside en lo que ocurre cuando una caries no tratada, una enfermedad de las encías o una inflamación crónica permiten que esas bacterias dañinas se multipliquen. Actividades cotidianas como el cepillado, el uso de hilo dental o procedimientos dentales pueden, en algunas circunstancias, facilitar que estos microorganismos ingresen al torrente sanguíneo.

En personas con corazones y sistemas inmunológicos saludables, el cuerpo generalmente se encarga de eliminar estas bacterias sin mayores consecuencias. Pero para niños con ciertas condiciones cardíacas preexistentes, el panorama es diferente. En algunos casos, las bacterias que viajan por la sangre pueden adherirse a zonas vulnerables del corazón, como válvulas prostéticas, parches quirúrgicos o tejido reparado. Este proceso puede desencadenar una endocarditis infecciosa, una infección potencialmente mortal del revestimiento interno del corazón.

"Puede requerir semanas de antibióticos intravenosos, hospitalizaciones prolongadas y, a veces, incluso una nueva cirugía cardíaca", señala Dreger. "No es común, pero cuando ocurre, es muy seria".

No todos los niños con historial de cirugía cardíaca enfrentan este riesgo. Los cardiólogos pediátricos suelen identificar qué pacientes necesitan precauciones adicionales; generalmente son aquellos con reemplazo de válvulas, ciertos defectos cardíacos congénitos específicos o sistemas inmunológicos debilitados.

Las medidas preventivas, sin embargo, son notablemente cotidianas.

Dreger enfatiza que el cepillado y uso de hilo dental regulares, las visitas de rutina al dentista y la limitación de alimentos y bebidas azucaradas desempeñan un papel central en la protección de la salud cardíaca para estos pacientes. Señales de alarma como dolor de muelas o encías, o sangrado frecuente durante el cepillado, que indican inflamación o infección, deben ser atendidas con prontitud.

Para los niños de mayor riesgo, los cardiólogos pueden recomendar además un protocolo de antibióticos profilácticos antes de procedimientos dentales mayores, como extracciones, con el fin de reducir la posibilidad de que las bacterias alcancen el corazón. En estos casos, los dentistas coordinan este paso consultando previamente con el equipo de cardiología del niño.

El mensaje más amplio, según Dreger, se centra en la prevención a través de la consistencia. "Se trata realmente de hacer las pequeñas cosas todos los días", afirma. "Si cuidas la salud bucal de manera constante, puedes evitar problemas mucho mayores en el futuro". En otras palabras, la protección del corazón no siempre comienza con un estetoscopio.

Algunas veces, empieza con un cepillo de dientes.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Dr. Leslie Jacobs

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