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La odisea de salir de casa con niños

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Las mochilas están preparadas, con los almuerzos dentro y cuidadosamente colocados. Las botellas de agua, con hielo, por supuesto, esperan alineadas en la mesa del recibidor. El coche ya está en marcha, calentándose en la entrada. Desde abajo de las escaleras, llega el grito: hay que darse prisa, es hora de llevar a los niños al colegio. Y entonces, el mayor baja las escaleras sin prisas, con los pies descalzos.

"¿Dónde están los calcetines? ¡Es hora de irnos!", suelta la madre mientras lanza zapatos y abrigos hacia quien parezca medio preparado para salir.

La escena, reconocible para cualquier padre que haya intentado cumplir un horario matutino con niños pequeños, ilustra un concepto que ha ganado protagonismo en las conversaciones sobre crianza: las funciones ejecutivas.

"La función ejecutiva es un conjunto de habilidades mentales complejas que nos permiten funcionar eficazmente en nuestro día a día, organizando y planificando nuestras actividades, resolviendo problemas y relacionándonos socialmente de manera efectiva", explica la doctora Gaiathry Jeyarajan, psiquiatra y autora del libro "I Love You More Than Rice and Curry".

Según la Asociación Psicológica Canadiense, estas habilidades abarcan varios aspectos fundamentales. El control inhibitorio, por ejemplo, se manifiesta cuando un niño levanta la mano en clase en lugar de gritar la respuesta, o cuando espera su turno para un juguete sin arrebatárselo a su hermano. La memoria de trabajo entra en juego cuando recuerda los tres pasos que sus padres le han indicado para prepararse por la mañana: vestirse, lavarse los dientes y coger la mochila. Y la flexibilidad cognitiva se hace visible cuando acepta ir a un restaurante diferente porque el que le gusta está cerrado por obras.

Los niños aprenden estas habilidades de manera constante, y no existe una fórmula única para el éxito. "La complejidad de cada habilidad debería aumentar con la edad", apunta la doctora Jeyarajan. "La evidencia sugiere que hay un repunte en el desarrollo de las funciones ejecutivas entre los 10 y los 15 años".

El interés reciente por este término no es casual. La doctora Jeyarajan señala que su popularidad ha crecido paralelamente al aumento de diagnósticos de condiciones como el TDAH o los trastornos del espectro autista, que suelen afectar estas capacidades. Pero todos los niños, independientemente de su neurodivergencia, necesitan apoyo para desarrollarlas.

Las reacciones de los padres también están cambiando. La frustración por las mochilas perdidas o los deberes olvidados sigue existiendo, pero la manera de abordarla se ha transformado. Corrientes como la crianza respetuosa han impulsado un enfoque más centrado en el acompañamiento que en el reproche, lo que ha llevado términos técnicos como "funciones ejecutivas" al vocabulario cotidiano. A esto se suma el impacto de las pantallas: la exposición prolongada a contenidos rápidos y pasivos parece dificultar que los niños desarrollen la paciencia, la atención y la capacidad de resolución de problemas.

¿Qué pueden hacer los padres en casa? La doctora Jeyarajan insiste en el poder del ejemplo: "Los niños aprenden imitando, y desde la primera infancia reflejan los comportamientos de sus padres. La forma en que los adultos demuestran sus propias funciones ejecutivas es una de las principales vías de aprendizaje".

Algunas estrategias prácticas incluyen modelar la adaptabilidad: si la cena se quema, en lugar de frustrarse, se puede hacer una pausa, respirar y buscar una solución, como pedir una pizza o improvisar un desayuno para cenar. También funcionan las listas visuales: colocar en la nevera un recordatorio matutino, uno para adultos y otro para niños, con los pasos a seguir. Verbalizar el autocontrol es otra herramienta útil: si la música alta del niño dificulta la concentración, se puede explicar el motivo y pedir que baje el volumen, en lugar de reaccionar impulsivamente.

Fragmentar las tareas ayuda a evitar la sobrecarga. Una orden como "limpia tu habitación" puede resultar abrumadora; desglosarla en pasos pequeños —"primero, mete la ropa sucia en el cesto; luego, coloca los juguetes en la estantería"— la hace más manejable. Los avisos temporales también ganan efectividad si se acompañan de elementos visuales, como un reloj que muestre el tiempo restante de forma tangible. Y juegos clásicos como "Rojo, verde" o "El baile de la estatua" pueden ser aliados para practicar el control de impulsos.

Los adultos tampoco tienen funciones ejecutivas perfectas, y eso también puede ser una oportunidad. Olvidar algo en casa o frustrarse ante un imprevisto sirve para reflexionar en voz alta sobre qué se podría haber hecho de otra manera.

En cuanto a las pantallas, el uso intencionado marca la diferencia.

Aplicaciones educativas como Kahoot, Toca Boca Jr. o Pok Pok pueden estimular la memoria y la planificación. Herramientas creativas como Project Aqua ofrecen vías de expresión. Pero el consumo pasivo de vídeos o reels, sin supervisión ni límites, puede afectar al sueño, la memoria de trabajo y el autocontrol de los niños en edad escolar.

Si hay dudas sobre el desarrollo de estas habilidades, la doctora Jeyarajan recomienda acudir a un especialista: "En caso de incertidumbre, lo mejor es buscar una evaluación profesional para que se realice un diagnóstico adaptado a la edad del niño".

© SomosTV LLC-NC / Photo: © University of Toronto / Amazon

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