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La lingüista Naomi Baron: “El mejor método para enseñar a leer es que los padres compartan libros de papel con sus hijos”

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Los niños de hoy crecen rodeados de pantallas. Desde que aprenden a sostener un objeto con las manos, muchos ya saben deslizar un dedo sobre la superficie de una tableta. El vídeo corto, el estímulo constante, la gratificación inmediata. En ese paisaje digital, la lectura en papel parece casi un acto de resistencia. Pero para Naomi Baron, lingüista y profesora emérita de la American University en Washington, ese acto es más necesario que nunca.

"Durante la primera infancia, cuando comienzan a desarrollarse las habilidades lingüísticas, la experiencia más importante es la lectura compartida con los padres y con las personas del entorno", afirma Baron en una entrevista con The Chosun Diary. "Solo a través de esas experiencias los niños pueden acercarse a los libros".

Baron es una autoridad en el estudio de la lectura y el aprendizaje. Se la conoce por dos libros: "Again, Cómo leer", que aborda la lectura en la era digital, y "El futuro de la escritura", que reflexiona sobre cómo escribimos en un mundo dominado por la inteligencia artificial. En su conversación con este periódico, la profesora insiste en una idea central: la responsabilidad de los padres en la formación de lectores profundos es hoy más crucial que nunca.

Preguntada sobre por qué la lectura resulta tan determinante en los primeros años de vida, Baron recurre a la evidencia científica. "Hay investigaciones que muestran que los niños en edad preescolar que usan más dispositivos digitales que libros tienen una corteza cerebral más pequeña, donde se concentran las neuronas, y pliegues cerebrales menos profundos", explica. Ese desarrollo cerebral, añade, tiene un impacto decisivo en la capacidad futura del niño para adquirir hábitos y habilidades lectores. "Los niños que leen libros con frecuencia antes de la adolescencia también muestran una mayor conectividad entre las células cerebrales", precisa.

El entorno actual no facilita las cosas. Las tentaciones que dificultan la lectura se multiplican. El formato corto, el vídeo de unos segundos, la posibilidad de saltar de un contenido a otro sin esfuerzo. Ante ese panorama, Baron no duda en señalar al principal responsable de cambiar la situación. "Cuanto más pequeño es el niño, más absoluto es el papel de los padres", sentencia.

La profesora insiste en que el principio fundamental de la educación lectora no es la mera transmisión de contenidos, sino la interacción con los padres. "Cuando los padres leen libros físicos junto a sus hijos, pueden practicar la 'lectura dialógica', un tipo de lectura en la que mantienen contacto visual y expanden la historia", explica. Esa conexión humana, ese vínculo que se establece alrededor de un libro abierto, es lo que realmente fomenta el hábito lector en los más pequeños.

Pero, ¿sirve igual si los padres leen cuentos a sus hijos en una tableta? La respuesta de Baron es rotunda. "Los libros digitales distraen la atención de los niños por sus llamativos efectos visuales y sonoros", advierte. La educación más efectiva, sostiene, sigue siendo la más sencilla: que los padres muestren con frecuencia a sus hijos cómo se lee un texto en papel.

Otra preocupación atraviesa su análisis. La irrupción de la inteligencia artificial generativa en la vida cotidiana también alcanza a los niños. "Como lingüista, mi mayor preocupación es que los niños no piensen por sí mismos y deleguen esa función en la IA", confiesa. Los estudios recientes le dan la razón. "Cuando los niños encargan a la IA la redacción de sus trabajos escolares, su capacidad para recordar los contenidos disminuye, porque el trabajo no es suyo", señala.

Para Baron, el reto está en enseñar a los niños a distinguir entre dos usos muy diferentes de la tecnología. Por un lado, la IA como herramienta auxiliar, como apoyo puntual. Por otro, la conversión de esa herramienta en un "escritor fantasma" que hace todo el trabajo. Ayudar a los niños a trazar esa línea es tarea de los adultos.

La conversación deriva hacia el papel del teléfono móvil, ese objeto que acompaña a niños y adultos a todas partes. Baron cita estudios recientes sobre la relación entre los smartphones y las capacidades cognitivas en adultos. "Incluso tener el teléfono cerca durante la preparación de un examen se traduce en peores resultados", afirma. La presencia del dispositivo, aunque esté apagado o fuera de la vista inmediata, afecta al rendimiento. "Aunque los smartphones se coloquen fuera de la vista, como en una mochila o un bolso, el rendimiento académico sigue disminuyendo si están físicamente cerca", añade.

La profesora matiza que esta investigación no aborda directamente la lectura infantil, pero ofrece una advertencia valiosa. "Nos recuerda cómo la presencia del teléfono puede distraer nuestra atención cuando leemos libros", concluye.

© SomosTV LLC-NC / Photo: © Children and Screens

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