
La Asociación Americana de Psicología sugiere formas de combatir la ansiedad en menores
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Los pasillos de las escuelas estadounidenses esconden una realidad que preocupa a psicólogos y médicos. Según datos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), aproximadamente un 31,7% de los niños y adolescentes en Estados Unidos ha experimentado algún trastorno de ansiedad. La Asociación Americana de Psicología (APA) señala que estas afecciones se encuentran entre las más frecuentes durante la infancia y adolescencia, abarcando desde fobias específicas hasta trastornos de pánico, ansiedad por separación, ansiedad social y trastornos de ansiedad generalizada.
Philip Kendall, director de la Clínica de Trastornos de Ansiedad en Niños y Adolescentes de la Universidad de Temple, ofrece una perspectiva contundente sobre su impacto: "La ansiedad es un marcador, una puerta de entrada, para una serie de otros trastornos de salud mental". Esta advertencia toma mayor relevancia al considerar los hallazgos del Informe de Salud Mental Infantil de 2018 del Child Mind Institute: solo 1 de cada 5 jóvenes recibe tratamiento profesional para estos trastornos, a pesar de su alta prevalencia.
Expertos citados por la APA identifican factores contemporáneos que podrían explicar el posible aumento de estos casos. Entre ellos destacan la presión académica por obtener buenas calificaciones, la exposición constante a redes sociales durante el desarrollo y el hecho de crecer en un entorno donde los tiroteos masivos se han convertido en una amenaza tangible. Las consecuencias de no abordar estos problemas son múltiples: desde el deterioro del rendimiento educativo y las relaciones sociales hasta el desarrollo posterior de depresión, problemas de conducta o consumo de sustancias en la vida adulta.
La mirada hacia el entorno familiar
Un estudio realizado por Kenneth Rubin, psicólogo del desarrollo de la Universidad de Maryland, y Andrea Chronis-Tuscano, psicóloga clínica, arroja luz sobre cómo las dinámicas familiares pueden influir. Su investigación analizó específicamente los trastornos de ansiedad social, descubriendo que niños con conductas inhibidas -como timidez extrema o nerviosismo ante situaciones nuevas- tienen el triple de probabilidades de desarrollar ansiedad clínica más adelante. Frente a este panorama, los expertos sostienen que la prevención comienza en casa.
"Nos esforzamos por ayudar a los padres a comprender que, a corto plazo, intentar aliviar la ansiedad de sus hijos, por ejemplo, rechazando invitaciones a fiestas de cumpleaños o retirándose de actividades extracurriculares, puede ayudarlos a sentirse mejor en el momento, pero a largo plazo, no les ayuda a desarrollar las competencias y experiencias sociales cruciales para su crecimiento", explica Chronis-Tuscano. El estudio recomienda que cuando los padres observen rasgos de timidez o ansiedad en sus hijos, respondan con calidez, sensibilidad y estímulo para aproximarse gradualmente a nuevas situaciones sociales.
El rol de las escuelas
La investigación también señala la necesidad de involucrar a las instituciones educativas. "Ayudar a los profesores a comprender este problema y cómo abordarlo puede marcar una gran diferencia", afirma Chronis-Tuscano, destacando un problema concreto: "Los niños ansiosos no levantan la mano para pedir ayuda cuando no entienden algo o para aportar sus ideas, lo que afecta negativamente su progreso académico".
Esta observación conecta directamente con los datos sobre deterioro educativo mencionados en el informe de la APA.
La psicóloga añade una advertencia sobre la progresión del problema:
"Cuanto más tiempo pase sin tratar la inhibición social y la ansiedad, mayor será la brecha entre el comportamiento social del niño inhibido y el de sus compañeros sin ansiedad". Esta brecha, según los estudios, no solo afecta el presente escolar sino que puede condicionar las relaciones interpersonales y el desempeño laboral futuro. Frente a un trastorno que afecta a casi un tercio de los adolescentes estadounidenses, las respuestas parecen requerir un enfoque coordinado entre familias, escuelas y sistemas de salud.
© SomosTV LLC-NC / Photo: © Temple University
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