
Las heridas psicológicas que podemos ir adquiriendo desde la infancia
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A lo largo de los años, las personas acumulan experiencias dolorosas que, aunque no siempre son visibles, pueden influir en su forma de relacionarse, tomar decisiones y enfrentar el mundo. Oriol Lugo Real, psicólogo y coach ejecutivo con un doctorado en Psicología por la Universitat Ramon Llull, ha identificado ocho tipos de heridas emocionales comunes en su participación en el podcast de Roca Project.
1) Herida de abandono
Surge cuando una persona, especialmente durante la infancia, percibe que sus padres o cuidadores no estuvieron presentes emocional o físicamente. Esta sensación de desamparo puede generar miedo al rechazo y dificultades para confiar en los demás en la vida adulta.
2) Herida de rechazo
Se origina en situaciones donde el individuo se sintió excluido, como cuando un niño es ignorado por sus compañeros o no es aceptado en un grupo. Este tipo de experiencia puede llevar a una baja autoestima y a una constante necesidad de validación externa.
3) Herida de traición
Aparece cuando alguien cercano —una pareja, un amigo o incluso un familiar— rompe la confianza. Las decepciones en relaciones tempranas pueden hacer que, en el futuro, la persona desarrolle mecanismos de defensa como la desconfianza extrema.
4) Herida de falta de compromiso
A diferencia del abandono físico, esta herida se relaciona con la percepción de que los padres, aunque presentes, no estaban realmente comprometidos. Oriol Lugo menciona que es frecuente en hijos de padres separados que, pese a no haberlos dejado, no lograron transmitirles seguridad emocional.
5) Herida de humillación
Ocurre en situaciones donde la persona fue ridiculizada o avergonzada, como un niño al que se le ríen en clase por equivocarse. Esto puede generar inseguridad, timidez o, por el contrario, una actitud defensiva y agresiva.
6) Herida de injusticia
Se desarrolla en entornos donde las figuras de autoridad fueron excesivamente rígidas o severas. Quienes la padecen suelen convertirse en adultos perfeccionistas, con dificultad para relajarse y una fuerte necesidad de control.
7) Herida de indefensión
Típica de quienes crecieron en ambientes violentos, caóticos o impredecibles. Estos individuos pueden volverse hipervigilantes, siempre anticipando peligros, incluso cuando ya no existen.
8) Herida de sobreprotección
Aunque los padres buscan proteger a sus hijos, un exceso de cuidado puede limitar su autonomía. "Al poner a los niños en una burbuja, se les impide desarrollar herramientas para enfrentar el mundo por sí mismos", explica Lugo.
Consecuencias y caminos para sanar
Estas heridas no solo afectan la autoestima, sino también la manera en que las personas se vinculan con los demás. Algunas reacciones comunes incluyen:
-Evasión emocional: Dificultad para expresar sentimientos.
-Dependencia afectiva: Miedo a la soledad o a ser abandonado.
-Comportamientos controladores: Intento de manejar todo para evitar sorpresas dolorosas.
Aunque estas marcas pueden persistir, Lugo destaca que es posible trabajarlas mediante terapia, autoconocimiento y, en algunos casos, reestructurando relaciones clave. Reconocer su origen es el primer paso para evitar que sigan condicionando la vida adulta.
© SomosTV LLC-NC / Photo: © Abdul Naser Sahebzada-Pexels
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